Colombia

René Higuita y el lote que perdió: el caso que lo cruza con el narcotráfico

Hace 16 horas

René Higuita rompió su silencio sobre el lote y la vivienda que la justicia le arrebató tras quedar salpicados por la red de narcotráfico de los Ochoa. El exarquero sostiene que fue víctima de un entramado que lo usó como propietario aparente de un bien comprometido por terceros.

René Higuita volvió al centro de una historia que mezcla fútbol, poder y narcotráfico: el exarquero de la Selección Colombia y Atlético Nacional relató a El Tiempo (Colombia) cómo terminó perdiendo un lote y una vivienda que, según el proceso judicial, quedaron vinculados a actores del narcotráfico. Su versión no solo reabre una herida personal, sino que pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿fue un futbolista convertido en cabeza visible de una propiedad en disputa o un nombre útil para ocultar una operación más grande?

De acuerdo con la entrevista publicada por El Tiempo (Colombia), Higuita insiste en que su relación con ese bien estuvo atravesada por circunstancias que no controló y que la decisión de la justicia terminó por quitarle una propiedad que él consideraba suya. El caso gira alrededor de un lote y una vivienda marcados por su conexión con la red de los Ochoa, una de las familias más poderosas y temidas del narcotráfico en Colombia durante los años más violentos de ese fenómeno. Más allá del expediente, el punto de fondo es el mismo: cuando el dinero ilegal se mezcla con bienes raíces, los nombres que aparecen en escrituras o transacciones rara vez cuentan toda la historia.

Este episodio importa porque revela cómo el narcotráfico no solo corrompió instituciones, sino también mercados tan cotidianos como el de la propiedad raíz, dejando a figuras públicas y ciudadanos comunes atrapados en operaciones que después terminan judicializadas. En Colombia, el problema no fue únicamente la violencia de los carteles, sino la capacidad de infiltrar el tejido económico y social, desde apartamentos y fincas hasta clubes, empresas y negocios aparentemente limpios. Por eso el caso de Higuita no debe leerse solo como una anécdota del pasado: es un recordatorio de cómo la frontera entre víctima y beneficiario puede volverse borrosa cuando el país vive bajo la sombra de redes criminales que operan con testaferros, presiones y documentos que luego deben ser desentrañados por los jueces.

La relevancia del relato de Higuita también está en el plano simbólico. Él es uno de los rostros más reconocibles del fútbol colombiano, un personaje que durante décadas cargó con la imagen de irreverencia dentro y fuera de la cancha. Que ahora hable de un bien perdido por decisión judicial no solo alimenta el interés mediático; obliga a mirar otra vez un periodo en el que la fama, la ingenuidad y el poder del dinero ilegal podían cruzarse con facilidad. Y en ese cruce, como suele pasar en Colombia, casi nunca gana el más visible, sino el que mejor se mueve en la penumbra.

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