Política

Uribe deja abierta su posible asistencia a posesión de De La Espriella en Cali

Hace 2 horas

Álvaro Uribe dejó abierta la puerta a asistir a la posesión de Abelardo De La Espriella el 7 de agosto en Cali, aunque advirtió que su situación personal y política no le facilita moverse con normalidad. La escena suma otro capítulo a su influencia en la derecha colombiana.

Álvaro Uribe volvió a poner su nombre en el centro de la conversación política al referirse a la posibilidad de asistir a la posesión de Abelardo De La Espriella, prevista para el 7 de agosto en Cali. En entrevista con 6AM W de Caracol Radio, el expresidente no cerró la puerta al evento, pero dejó claro que su momento no es sencillo y que cualquier decisión estará condicionada por su situación actual, tanto en lo personal como en lo político.

La declaración importa por varias razones. Primero, porque Uribe sigue siendo el referente más influyente de la derecha colombiana, incluso después de dejar la Casa de Nariño hace más de una década. Segundo, porque la eventual presencia en Cali no sería un gesto protocolario menor: implicaría un espaldarazo público a un actor que busca ganar visibilidad en el ecosistema político conservador. En un país donde los símbolos pesan tanto como los votos, una foto, una asistencia o una ausencia pueden mover más de una lectura dentro de los sectores que hoy compiten por liderar la oposición.

El expresidente habló con cautela, pero su mensaje también revela el momento que atraviesa el uribismo: una mezcla de vigencia y desgaste, de capacidad de convocatoria y de restricciones crecientes. Uribe continúa marcando la agenda de su sector, aunque ya no con la libertad de maniobra de sus mejores años de poder. Eso vuelve cada aparición pública un hecho político en sí mismo. Si decide ir a Cali, la señal será de respaldo y presencia; si no asiste, la ausencia también será leída como un síntoma de las tensiones que atraviesan a la derecha colombiana en vísperas de nuevas definiciones.

Más allá del acto en sí, lo que está en juego es la capacidad de Uribe para seguir ordenando el tablero desde fuera del gobierno. Su figura aún moviliza apoyos, pero también polariza con la misma intensidad de siempre. Por eso, cualquier paso suyo en eventos de campaña, posesiones o concentraciones partidistas sigue teniendo efecto más allá del auditorio: habla de la estrategia de un bloque político que intenta reorganizarse, y de un país donde la influencia de los expresidentes sigue pesando sobre las decisiones del presente.

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