Política

Uribe revive el debate del plebiscito de paz y cuestiona los problemas que dejó el acuerdo

Hace 2 horas

A diez años del plebiscito que enterró en las urnas el acuerdo de paz con las Farc, Álvaro Uribe reapareció con un mensaje político de fondo: la negociación dejó problemas sin resolver. Sus palabras reactivan uno de los debates más sensibles de Colombia: qué quedó realmente del proceso de La Habana.

Álvaro Uribe volvió a entrar en el centro del debate sobre la paz en Colombia justo cuando se cumplen diez años del plebiscito del 2 de octubre de 2016, la consulta en la que ganó el “No” a los acuerdos con las Farc. En una declaración divulgada este 2 de octubre de 2026, el expresidente sostuvo que el país sigue cargando con asuntos pendientes derivados de ese proceso y que el reto no es discutir el pasado como una consigna, sino resolver los problemas que dejó el acuerdo tal como fue implementado. Su mensaje llega en un momento en el que la discusión sobre seguridad, reincorporación y presencia de grupos armados vuelve a tensar la agenda nacional.

La intervención de Uribe no es menor por lo que dijo, sino por cuándo lo dijo. A una década de la votación que marcó un antes y un después en la historia reciente del país, el exmandatario insiste en una lectura crítica del acuerdo de paz firmado con las Farc, una postura que ha defendido durante años desde la oposición y que sigue teniendo eco en un sector importante del electorado colombiano. La referencia a los “problemas que dejó” apunta a temas que nunca desaparecieron del todo: disidencias armadas, economías ilegales, disputas territoriales y la sensación, compartida por víctimas y comunidades, de que la implementación prometió más de lo que logró cumplir en el territorio.

El contexto importa porque el plebiscito no solo rechazó un texto: abrió una grieta política que todavía define la conversación pública en Colombia. El triunfo del “No” obligó a renegociar varios puntos del acuerdo y dejó instalada la idea de que la paz fue más una disputa de legitimidad que un cierre definitivo del conflicto. Diez años después, el país sigue lidiando con la misma paradoja: una firma que bajó la intensidad de la guerra con las Farc, pero no desarmó por completo la violencia rural ni la fragmentación armada que siguió ocupando espacios dejados por la antigua guerrilla. En ese escenario, las palabras de Uribe reactivan una narrativa que puede influir de nuevo en la agenda electoral y en el debate sobre el rumbo de la política de seguridad.

Más allá del gesto político, lo que está en juego es la interpretación de la paz como balance de Estado. Para millones de colombianos, sobre todo en regiones donde la guerra no se fue sino que mutó, la pregunta ya no es solo si el plebiscito se ganó o se perdió, sino qué hizo el país con esa decisión. Y esa es la discusión que Uribe, con su peso político intacto, vuelve a empujar al centro de la escena.

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