Colombia

Petro niega presión a exparamilitares en polémica del Pacto de Valledupar

Hace 1 día

Gustavo Petro salió a negar que haya impulsado un plan para que exparamilitares atacaran políticamente a Álvaro Uribe, Germán Vargas Lleras y el hoy presidente. La controversia reabre dudas sobre el uso político de testimonios de desmovilizados y el alcance del llamado ‘Pacto de Valledupar’.

Gustavo Petro rechazó los señalamientos que lo vinculan con una supuesta presión para que exparamilitares declararan en contra de Álvaro Uribe, Germán Vargas Lleras y del hoy presidente, en el marco de lo que se ha llamado el ‘Pacto de Valledupar’. La discusión volvió a subir de tono después de las versiones atribuidas a Salvatore Mancuso y a Angie Rodríguez, que han sido interpretadas como una acusación directa sobre el uso político de testimonios de antiguos jefes armados.

Según informó El Tiempo - Política, el exmandatario negó haber promovido cualquier maniobra orientada a manipular declaraciones o a construir un escenario contra sus contradictores. La polémica gira alrededor de una versión según la cual se habría intentado orientar a exparamilitares para que señalaran a figuras de alto perfil de la política nacional, en un episodio que, por su carga simbólica, toca de frente la relación entre justicia, memoria del conflicto y disputa electoral.

El caso importa porque no se trata solo de una pelea de nombres propios, sino de la credibilidad de los testimonios de desmovilizados y de la instrumentalización de la verdad judicial en Colombia. Si las acusaciones prosperan, podrían abrir un nuevo frente político y judicial en una historia donde aún pesan la guerra, las alianzas regionales y la sospecha de que los expedientes del conflicto terminan convertidos en armas de campaña. Si, por el contrario, se desvirtúan, el episodio dejará otra huella de polarización en un país donde los relatos sobre paramilitarismo siguen siendo campo minado.

Más allá del cruce de señalamientos, el episodio confirma que la disputa por el pasado reciente sigue marcando el presente político colombiano. En un país donde los exparamilitares aún tienen capacidad de influir en la conversación pública, cada declaración no solo afecta a los protagonistas directos: también redefine quién controla la narrativa sobre la violencia, la responsabilidad de los poderosos y el uso de la verdad como herramienta de poder.

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