Feijóo acusa a Sánchez por los disturbios en Barcelona y eleva la tensión política

Imagen: El País
Alberto Núñez Feijóo acusó a Pedro Sánchez de alimentar la tensión política tras los disturbios en Barcelona. En un acto en Salamanca, el líder del PP dijo que el presidente “juega con fuego” en un clima de polarización creciente.
Alberto Núñez Feijóo elevó este fin de semana el tono contra Pedro Sánchez al responsabilizar al presidente del Gobierno de la escalada de tensión política que rodeó los disturbios registrados en Barcelona. Durante un acto del Partido Popular en Salamanca, donde presentó a los cabezas de lista de la formación al Congreso, el dirigente conservador sostuvo que el jefe del Ejecutivo está empujando al país a una situación de riesgo político cada vez más delicada.
La intervención de Feijóo no fue una crítica puntual, sino un intento de encuadrar a Sánchez como el principal responsable del clima de confrontación que domina la campaña y buena parte del debate público. Según informó El País, el líder del PP aprovechó el escenario salmantino para endurecer su mensaje, en un momento en que los episodios de violencia callejera en Barcelona han vuelto a situar la estabilidad institucional y el orden público en el centro de la discusión política.
El señalamiento tiene lectura electoral y también institucional. Feijóo busca consolidar la idea de que el Gobierno ha perdido control sobre la calle y sobre el relato político, una estrategia con la que intenta movilizar al voto conservador y apelar a sectores moderados cansados del ruido. Pero la acusación también refleja algo más profundo: la normalización de un lenguaje político que convierte cada episodio de conflicto en munición partidista, con el riesgo de empeorar una polarización que ya afecta la convivencia y erosiona la confianza ciudadana en las instituciones.
En ese marco, Barcelona vuelve a aparecer como termómetro del estado del debate nacional. Más allá del choque entre PP y PSOE, lo que está en juego es cómo se interpreta la protesta, quién capitaliza el descontento y hasta qué punto la dirigencia política está dispuesta a bajar la temperatura. Para los ciudadanos, el costo de esta dinámica no es abstracto: más confrontación en la cúpula suele traducirse en menos soluciones concretas y en una sensación creciente de desgaste democrático.



