Sequía en el Caribe prende alarmas por golpe al turismo y la economía regional
Imagen: El Tiempo (Colombia)
La sequía que golpea al Caribe colombiano ya dejó de ser una alerta climática y empezó a convertirse en un problema económico de primera línea. Desde la Cámara de Representantes piden una mesa exclusiva con la CREG para enfrentar el impacto en siete departamentos y frenar una posible crisis turística y de servicios.
La sequía extrema asociada al fenómeno de El Niño encendió las alarmas en el Caribe colombiano, donde ahora el problema no solo se mide en niveles de agua sino en empleo, turismo y estabilidad económica. Desde la Cámara de Representantes advierten que, si no se toman medidas urgentes, el próximo cuatrimestre podría marcar un golpe fuerte para la economía turística de la región, una de las más sensibles a cualquier ruptura en el suministro de agua y energía.
La preocupación se concentró en siete departamentos del norte del país, donde se pidió una mesa de trabajo exclusiva con la Comisión de Regulación de Energía y Gas, CREG, para revisar las emergencias derivadas de la sequía. La solicitud apunta a encontrar respuestas rápidas frente a una realidad que ya afecta a comunidades, prestadores de servicios y sectores productivos que dependen de condiciones mínimas de abastecimiento para operar con normalidad. En una región donde el turismo de playa, hotelería, transporte y gastronomía sostiene buena parte de la economía local, cualquier deterioro en el entorno climático termina golpeando directamente el ingreso de miles de familias.
El llamado no es menor. El Caribe colombiano conoce bien el costo de los ciclos de sequía, pero esta vez la alarma llega en un contexto más delicado: mayor presión sobre los servicios públicos, temporadas turísticas que necesitan previsibilidad y una población que, en muchos territorios, todavía enfrenta infraestructura insuficiente para resistir eventos climáticos prolongados. La advertencia de una posible crisis en el cuatrimestre siguiente revela que el fenómeno no se está leyendo solo como un asunto ambiental, sino como un riesgo económico y social que puede amplificar desigualdades ya existentes. En otras palabras, cuando falta el agua, no solo se secan los reservorios; también se enfrían las reservas hoteleras, se encarecen los costos operativos y se deteriora la confianza de visitantes e inversionistas.
Lo que está en juego, entonces, es la capacidad del Estado para anticiparse en lugar de reaccionar tarde. Una mesa técnica exclusiva con la CREG podría ayudar a coordinar medidas regulatorias y operativas, pero el fondo del problema es más amplio: el Caribe sigue siendo una de las regiones más expuestas a los efectos del cambio climático y, al mismo tiempo, una de las más dependientes de actividades vulnerables al clima. Si no hay una respuesta articulada entre Gobierno, autoridades locales, empresas de servicios y sector turístico, la sequía de este año podría dejar una factura mucho más cara que la de la emergencia inmediata.




