Francia aprueba prohibir redes sociales a menores de 15 años y abre debate en Europa

Imagen: clarin colombia
Francia dio un paso inédito en Europa al aprobar una ley que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 15 años. Ahora la medida quedó en manos del Consejo Constitucional, mientras el debate sobre infancia y pantalla escala en todo el continente.
Francia se convirtió en el primer gran país europeo en avanzar hacia una prohibición del uso de redes sociales para menores de 15 años, una decisión que abre un frente político y cultural de alcance continental. La medida, aprobada por el Parlamento francés, todavía no entra en vigor: falta el aval del Consejo Constitucional, que deberá revisar si la norma se ajusta a la carta magna antes de su aplicación. Emmanuel Macron celebró el respaldo legislativo y agradeció a los parlamentarios por impulsar una regulación que el gobierno presenta como una respuesta urgente a los riesgos digitales para niños y adolescentes.
La iniciativa establece una restricción amplia, pero no absoluta. Quedan fuera de la prohibición ciertos portales que no funcionan como redes sociales, entre ellos enciclopedias en línea como Wikipedia y plataformas de desarrollo. Ese matiz es clave porque deja ver que la ley no busca cerrar el acceso de los menores a internet, sino acotar su exposición a servicios diseñados para maximizar permanencia, interacción y consumo de contenido algorítmico. En términos prácticos, el debate ya no es solo sobre edad mínima, sino sobre qué tipo de entornos digitales debe permitir una sociedad a sus niños y quién debe cargar con la responsabilidad de controlar ese acceso: las familias, las escuelas, las plataformas o el Estado.
La decisión francesa importa mucho más allá de sus fronteras. Europa lleva años presionando a las grandes tecnológicas con normas de protección de datos, límites a la publicidad y exigencias de transparencia, pero una prohibición por edad en redes sociales eleva el listón y puede convertirse en referencia para otros gobiernos que enfrentan el mismo dilema. El fondo de la discusión es evidente: el uso intensivo de redes entre menores ha puesto sobre la mesa problemas de salud mental, exposición a contenidos nocivos, acoso y adicción a la pantalla. Para padres y educadores, la medida aparece como una herramienta de contención; para las plataformas, como un precedente incómodo que podría extenderse si Francia logra demostrar que la restricción es legalmente sólida y socialmente aceptable.
Lo que ocurra ahora en el Consejo Constitucional será decisivo. Si la norma supera ese filtro, Francia no solo habrá dado un giro drástico en la relación entre infancia y redes sociales, sino que habrá instalado una discusión que puede redefinir la regulación digital en Europa. En un continente donde los gobiernos buscan llegar tarde pero llegar con fuerza a la era algorítmica, el movimiento francés se lee como una advertencia: la protección de menores ya no es un asunto secundario del debate tecnológico, sino uno de sus ejes centrales.



