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Guanaco: el camélido que sostiene la Patagonia y ayuda a capturar carbono

Hace 5 horas

El guanaco, domesticado hace unos 6.500 años, sigue siendo una pieza clave del equilibrio ecológico de la Patagonia. Con más de un millón de ejemplares silvestres, sus migraciones y su impacto en los pastizales ayudan a sostener biodiversidad y a capturar carbono.

El guanaco no es solo un símbolo de la Patagonia: es uno de los engranajes que todavía mantienen en pie ese ecosistema. Según informó infobae mundo, este camélido —domesticado hace unos 6.500 años— conserva hoy una presencia silvestre superior al millón de ejemplares y cumple un papel decisivo en la regeneración de pastizales, el sostén de especies carroñeras y el almacenamiento de carbono en el suelo. En una región marcada por el viento, la aridez y los extremos climáticos, su supervivencia importa mucho más de lo que parece a simple vista.

De acuerdo con la información difundida por infobae mundo, el guanaco recorre grandes distancias entre estaciones, con migraciones que pueden alcanzar los 150 kilómetros. Ese desplazamiento no es un dato pintoresco: altera la estructura de la vegetación, favorece la renovación de los pastos y contribuye a que el paisaje no se degrade de manera uniforme. En otras palabras, el animal no solo se adapta al territorio; lo modela. Su presencia también beneficia a otras especies que dependen de los restos orgánicos que deja a su paso, lo que lo convierte en una pieza central de la cadena ecológica patagónica.

Lo más relevante es que esta historia mezcla biología, historia humana y clima. El guanaco fue domesticado por pueblos originarios miles de años antes de la expansión moderna de la ganadería, lo que revela una relación antigua entre las comunidades del sur andino y este camélido. Hoy, en cambio, su valor excede el patrimonio cultural: en un contexto global de pérdida de biodiversidad y crisis climática, un animal capaz de ayudar a almacenar carbono en el suelo tiene implicaciones concretas para la salud ambiental de toda la región. No se trata únicamente de conservar una especie carismática, sino de proteger un mecanismo natural de resiliencia que actúa casi en silencio.

Por eso la discusión sobre el guanaco debería ir más allá del folclore o de la postal turística. Su destino está ligado al de los pastizales patagónicos, a la fauna que depende de ellos y también a las actividades humanas que compiten por el uso de la tierra. Si la Patagonia quiere sostener su biodiversidad y sus servicios ecosistémicos en el tiempo, el guanaco no puede ser tratado como un habitante secundario. Es, más bien, una de las columnas invisibles que explican por qué ese territorio sigue funcionando.

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