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Eisenkot busca un gobierno de emergencia nacional en Israel

Hace 3 horas

Gadi Eisenkot recibió el mandato para intentar formar un nuevo gobierno en Israel en medio de la crisis política y de seguridad. El ex jefe del Ejército habló de un “gobierno de emergencia nacional” y abrió la puerta a un acuerdo con el bloque de Benjamin Netanyahu.

Gadi Eisenkot recibió el encargo de explorar la formación de un nuevo gobierno en Israel y su primera señal política fue contundente: quiere armar una coalición de emergencia nacional que, incluso, reserve un lugar para el partido de Benjamin Netanyahu. El ex jefe del Ejército llegó con un mensaje de pragmatismo en un país atravesado por la presión de la guerra, la polarización interna y una crisis de gobernabilidad que empuja a sus dirigentes a moverse fuera de los cauces habituales.

Según informó infobae mundo, Eisenkot admitió que la tarea no será sencilla y que requerirá “movimientos políticos creativos y extraordinarios”, una frase que revela el tamaño del problema. No se trata solo de sumar bancas; se trata de construir una mayoría capaz de sostener decisiones de alto impacto en un escenario en el que la seguridad, la gestión del conflicto y la estabilidad institucional se mezclan con las tensiones entre los bloques políticos. Su planteo incluye, además, la posibilidad de darle espacio al sector de Netanyahu, una jugada que busca ensanchar la base de apoyo, aunque también puede despertar resistencias dentro del propio sistema político israelí.

La apuesta de Eisenkot importa porque Israel suele llegar a estas encrucijadas con un precio alto: si no hay acuerdo, la parálisis institucional se prolonga y la capacidad de respuesta del gobierno se debilita justo cuando más necesita cohesión. Un “gobierno de emergencia nacional” no solo sería una solución política temporal; también sería una señal de que parte de la dirigencia reconoce que el momento exige bajar las banderas partidarias y pensar en una administración de crisis. Pero esa misma fórmula arrastra una contradicción: integrar a sectores enfrentados en una misma mesa puede dar estabilidad inmediata, aunque también reabrir debates sobre responsabilidades, liderazgo y rumbo del país.

En ese contexto, la maniobra de Eisenkot debe leerse menos como una oferta de reparto de poder que como un intento de evitar que Israel siga atrapado en el inmovilismo. Si su iniciativa prospera, podría reordenar el mapa político en torno a una lógica de urgencia nacional. Si fracasa, quedará expuesto que ni siquiera la presión de la crisis alcanza para cerrar las fracturas de una política israelí cada vez más fragmentada.

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