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Galicia mantiene abierta la puerta al Papa para el Año Santo de 2027

Hace 1 hora

Galicia no descarta una visita del Papa en el Año Santo de 2027, un gesto con carga simbólica que el presidente del Parlamento autonómico lanzó en la Ofrenda al Apóstol. El mensaje apunta a proyectar Santiago como una cita religiosa y diplomática de primer orden.

Galicia ha dejado este 25 de julio una señal política y religiosa que no pasa inadvertida: no da por perdida la visita del Papa en el Año Santo de 2027. El mensaje lo lanzó Miguel Santalices, presidente del Parlamento autonómico, durante la Ofrenda Nacional al Apóstol Santiago, donde pidió que tanto la familia real como el Santo Padre puedan acompañar una celebración que, por definición, aspira a trascender el calendario litúrgico y convertirse en un acontecimiento de alcance internacional.

Santalices, que compareció en representación del rey Felipe VI, aprovechó el acto solemne en la catedral compostelana para agradecer la confianza del monarca y subrayar la dimensión simbólica del próximo jubileo. En la práctica, su intervención dejó dos mensajes claros: por un lado, la voluntad institucional de seguir vinculando a Galicia con la Corona en una fecha de fuerte carga histórica; por otro, la ambición de que el Año Santo no se limite a una efeméride local, sino que cuente con la presencia del pontífice. En la comitiva que lo acompañó en la Plaza del Obradoiro estuvieron el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo; el delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco; el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda; y la alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín, entre otras autoridades civiles y militares.

La declaración tiene más fondo del que parece. En un contexto en el que la Iglesia católica busca mantener centralidad pública y en el que las peregrinaciones del Camino de Santiago siguen siendo uno de los grandes motores simbólicos y turísticos de España, una eventual visita papal sería un golpe de proyección internacional para Galicia. No sería solo una imagen potente: implicaría seguridad, agenda diplomática, despliegue institucional y una enorme capacidad de atraer atención mediática y peregrinos. Para Santiago, un Año Santo con presencia del Papa equivaldría a reforzar su papel como epicentro espiritual europeo; para la Xunta y el Gobierno central, supondría además una oportunidad de mostrar coordinación en torno a un evento de alto valor político, cultural y económico.

La Ofrenda al Apóstol, instaurada en 1643 por Felipe IV, sigue funcionando como un ritual donde España se mira a sí misma: religión, poder y representación institucional conviven en una ceremonia que cada año actualiza viejas alianzas y nuevas aspiraciones. Que Galicia no renuncie a la visita papal en 2027 dice algo más que un deseo piadoso. Dice que la comunidad quiere llegar a ese jubileo con una ambición clara: convertir Santiago, otra vez, en una capital mundial de la fe, pero también de la proyección pública y del relato político.

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