Colombia

Alerta en concierto de Ryan Castro en Bucaramanga por posible robo con gas pimienta

Hace 2 horas

Asistentes a un concierto de Ryan Castro en Bucaramanga denunciaron una posible nueva modalidad de robo: el uso de gas pimienta o una sustancia irritante para desorientar al público. La alerta llegó desde redes sociales, donde varios usuarios reportaron ardor, cosquilleo y confusión.

Lo ocurrido en un concierto de Ryan Castro en Bucaramanga encendió una alerta que va más allá del episodio puntual: varios asistentes denunciaron en redes sociales que sintieron una sustancia irritante, presuntamente gas pimienta, que los habría distraído y dispersado en medio del evento. La queja, que empezó a circular entre usuarios afectados, abrió la sospecha de una nueva modalidad para facilitar robos en espectáculos masivos, donde el caos y la multitud juegan a favor de quienes buscan aprovecharse del desconcierto.

Según informó El Tiempo (Colombia), las denuncias surgieron luego de que varias personas relataran ardor en los ojos, cosquilleo y sensación de desorientación mientras se desarrollaba el concierto. Aunque por ahora no hay una confirmación oficial sobre el tipo exacto de químico utilizado ni sobre cuántas personas resultaron afectadas, el patrón descrito por los asistentes apunta a una estrategia que ya preocupa en otros contextos de aglomeración: generar pánico o incomodidad para mover a la gente, romper su atención y hacer más fácil el hurto de celulares, billeteras y otros objetos de valor.

El caso importa porque revela una vulnerabilidad repetida en los eventos masivos en Colombia: no basta con controlar accesos o vender boletas de manera ordenada si dentro del recinto no hay capacidad real de respuesta ante incidentes que se camuflan como accidentes. Para el público, el riesgo es doble. Por un lado, está la exposición a sustancias que pueden afectar la salud de manera inmediata; por el otro, la sensación de inseguridad que termina por normalizar prácticas delictivas en escenarios donde las personas deberían estar protegidas. Si se confirma que hubo un esquema deliberado para robar, el episodio obligaría a revisar protocolos de seguridad privada, reacción médica y vigilancia policial en conciertos y festivales.

Más allá de Bucaramanga, lo que pasó deja una advertencia sobre el negocio de los eventos multitudinarios en Colombia: cuando el control se relaja y la reacción llega tarde, el espectáculo se convierte en terreno fértil para el delito. En un país donde los robos en conciertos, estadios y ferias han sido una queja recurrente, la denuncia de esta supuesta modalidad con gas pimienta obliga a preguntar qué tan preparados están los organizadores para detectar agresiones encubiertas y, sobre todo, para proteger a un público que paga por entretenimiento, no para salir con lesiones o sin sus pertenencias.

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