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De becario en Madrid a poder global: el camino de Infantino y el bochorno que lo persigue

Hace 1 hora
De becario en Madrid a poder global: el camino de Infantino y el bochorno que lo persigue

Imagen: El País

Gianni Infantino pasó por Madrid como becario de LaLiga antes de convertirse en el rostro más poderoso —y más polémico— de la FIFA. Su ascenso, hoy ligado también a Donald Trump, explica parte del bochorno que rodea al fútbol global.

Gianni Infantino no siempre fue el presidente que hoy incomoda a buena parte del fútbol mundial. Antes de ocupar el centro del poder en la FIFA, pasó tres meses en Madrid como becario de LaLiga, una etapa breve pero reveladora de una trayectoria que lo llevó desde los márgenes administrativos del deporte europeo hasta el corazón de los grandes sorteos, las ceremonias televisadas y la política internacional del balón. Ese recorrido ayuda a entender por qué su figura genera tanta atención: no es solo un dirigente deportivo, sino un operador que aprendió a moverse entre federaciones, gobiernos y cámaras con la misma soltura.

Según informó El País, aquella estancia en España formó parte de los primeros años de una carrera marcada por la ambición y la adaptación al poder. Infantino terminó convertido en uno de los rostros más visibles de la FIFA, con una capacidad singular para colocarse en el centro de decisiones que afectan desde la organización de los torneos hasta la relación del fútbol con los grandes liderazgos políticos. Su presencia en eventos de alto perfil, como los sorteos de la Champions, no fue una casualidad: fue la consolidación de un personaje que entendió pronto que en el negocio del fútbol moderno la imagen vale tanto como los votos. En paralelo, su cercanía con Donald Trump consolidó otro rasgo de su perfil: la afinidad con líderes que ven en el deporte una plataforma de influencia global.

Esa combinación explica por qué su nombre aparece ahora asociado al bochorno de Balogun y a una percepción cada vez más extendida de que la FIFA bajo su mando navega entre el espectáculo y la incomodidad institucional. No se trata solo de una anécdota, sino de una señal de fondo: cuando el presidente del organismo rector del fútbol mundial es un viejo conocido de las estructuras de poder, el riesgo es que las decisiones deportivas terminen contaminadas por la lógica del poder político y mediático. En un contexto en el que el fútbol mueve audiencias masivas, dinero privado y agendas estatales, la figura de Infantino encarna esa frontera borrosa entre gobernanza deportiva y diplomacia personal.

Lo que hace importante este perfil no es únicamente su biografía, sino lo que dice del fútbol contemporáneo. Un dirigente que empezó como becario en Madrid terminó orbitando alrededor de la Casa Blanca y de los grandes escenarios del deporte europeo. Esa ascensión resume una época en la que el fútbol dejó de ser solo competencia para convertirse en una red de influencia donde los contactos, los gestos y las alianzas pesan casi tanto como los títulos. Y para los aficionados, más allá de las cúpulas, el resultado es evidente: un juego cada vez más global, sí, pero también más expuesto a los excesos, la opacidad y la incomodidad de quienes lo administran.

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