Golpe militar en Antioquia: baja un subversivo y cuatro se entregan en Ituango y Briceño
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Las operaciones militares en Ituango y Briceño dejaron un subversivo muerto y cuatro más entregados, en un nuevo golpe al frente 18 y a la subestructura ‘Luis Hernando Rozo Bertel’. El movimiento refleja la presión creciente sobre las disidencias y el ‘clan del Golfo’ en el norte de Antioquia.
Las fuerzas militares asestaron en las últimas horas un nuevo golpe contra las estructuras armadas que operan en el norte de Antioquia. En operaciones desarrolladas en Ituango y Briceño, un integrante de un grupo subversivo fue dado de baja y otros cuatro se entregaron, en una acción que impacta directamente al frente 18 y a la subestructura ‘Luis Hernando Rozo Bertel’, de acuerdo con información divulgada por El Tiempo (Colombia).
El operativo, que se concentró en zonas históricamente golpeadas por la presencia de actores armados ilegales, vuelve a poner sobre la mesa una realidad conocida pero persistente: el norte antioqueño sigue siendo un corredor estratégico para economías criminales, movilidad de combatientes y control territorial. La presión militar sobre estas estructuras no solo busca debilitar su capacidad operativa, sino también romper la cadena de mando y, en algunos casos, incentivar deserciones o entregas voluntarias, como ocurrió en esta ocasión.
El frente 18 ha sido una de las expresiones armadas más persistentes en esta región, mientras que la subestructura ‘Luis Hernando Rozo Bertel’ aparece mencionada en el entramado de disidencias y redes criminales que se disputan rutas, rentas y dominio social en Antioquia. Aunque el saldo del operativo representa un avance táctico para las autoridades, el problema de fondo sigue intacto: mientras existan territorios con baja presencia institucional, economías ilegales y disputas armadas por el control local, estos grupos seguirán encontrando espacio para reacomodarse. Para las comunidades de Ituango y Briceño, el impacto inmediato suele traducirse en más tensión, restricciones a la movilidad y un riesgo permanente para líderes sociales, campesinos y familias atrapadas entre retenes, amenazas y reclutamiento.
Este tipo de acciones militares sirve para mostrar capacidad de respuesta del Estado, pero también evidencia que la guerra en el norte de Antioquia no está cerrada. Cada baja, cada entrega y cada golpe a una estructura armada puede alterar temporalmente el mapa del conflicto, pero no lo resuelve por sí solo. La verdadera prueba seguirá siendo si esa presión se traduce en control territorial sostenido, justicia y oportunidades para una población que lleva años viviendo entre operaciones, silencios y el miedo a que la violencia vuelva a reorganizarse una vez pase el ruido de los uniformes.




