Más de 100 millonarios británicos piden subir sus impuestos al nuevo gobierno

Imagen: clarin colombia
Más de 100 millonarios británicos, entre ellos Gary Lineker y Brian Eno, pidieron al nuevo gobierno subirles los impuestos. Proponen un gravamen del 2% a patrimonios superiores a 13 millones de dólares para recaudar hasta 34.000 millones anuales.
Más de un centenar de millonarios del Reino Unido le puso presión al nuevo gobierno laborista con una petición políticamente incómoda: que les cobren más impuestos. La iniciativa, respaldada por figuras como el ex futbolista y presentador Gary Lineker, la empresaria Julia Davies y el músico Brian Eno, plantea un impuesto del 2% sobre las fortunas que superen los 13 millones de dólares. Sus promotores aseguran que esa medida podría dejar hasta 34.000 millones de dólares al año en las arcas públicas británicas.
Según informó clarin colombia, la propuesta no surge en el vacío. Se inscribe en un debate que lleva años abierto en Reino Unido sobre quién debe sostener el peso de la crisis del costo de vida, el deterioro de los servicios públicos y la necesidad de financiar al Estado sin seguir exigiendo más a los asalariados. La idea, impulsada por contribuyentes de alto patrimonio, busca enviar una señal política: la desigualdad fiscal no solo es un problema ético, sino también una oportunidad concreta de recaudo. En otras palabras, quienes más tienen quieren que el gobierno les cobre más, algo poco habitual en una economía marcada por la resistencia de los sectores de mayores ingresos a cualquier aumento tributario.
El alcance de la propuesta va más allá del símbolo. Un impuesto de ese tipo tocaría a una franja muy pequeña de la población británica, pero concentrada en una enorme capacidad de acumulación de riqueza. Sus defensores argumentan que el diseño permitiría aliviar la presión sobre las familias de ingresos medios y bajos, que siguen golpeadas por la inflación, el encarecimiento de la vivienda y el costo de los servicios básicos. También sostienen que el dinero podría reforzar la financiación de salud, educación e infraestructura, áreas donde la opinión pública británica lleva tiempo exigiendo respuestas más sólidas. El mensaje, en el fondo, es político: si el gobierno necesita recursos, debería buscarlos arriba y no seguir ajustando abajo.
La discusión, sin embargo, no se resolverá solo con buena voluntad de algunos millonarios. En cualquier país desarrollado, y Reino Unido no es la excepción, un impuesto a la riqueza enfrenta trabas técnicas, resistencia empresarial y el riesgo de fuga de capitales o de mudanza fiscal. Pero el gesto de más de 100 fortunas apoyando una mayor carga tributaria marca una ruptura con el discurso tradicional del sector acomodado. Y abre una pregunta que también resuena fuera de Londres: en momentos de déficit, tensión social y servicios públicos debilitados, ¿quién debe pagar la cuenta?




