Colombia

Cali lanza plan para sacar a 600 adolescentes de las redes delictivas

Hace 3 horas

Cali puso en marcha una estrategia para sacar a 600 adolescentes del radar de las redes delictivas y blindarlos frente al reclutamiento, el "güireo" y el "chacaleo". El plan empezará en siete comunas con apoyo de la Fundación Plan.

Cali decidió mover ficha en un frente que suele crecer en silencio: la captura de adolescentes por parte de redes delictivas que los empujan al reclutamiento, el expendio de drogas y otras dinámicas de violencia barrial. La ciudad arrancó un convenio con la Fundación Plan para llevar una estrategia de prevención a 600 menores de edad en siete comunas, una intervención que busca cortar de raíz la entrada de jóvenes a circuitos criminales antes de que el daño sea irreversible.

De acuerdo con lo informado por El Tiempo (Colombia), el programa se concentrará en territorios donde la presión de grupos ilegales y economías ilícitas golpea con más fuerza a las familias. La apuesta no es solo pedagógica: se trata de identificar factores de riesgo, fortalecer entornos protectores y ofrecer acompañamiento a adolescentes que hoy están expuestos a ser absorbidos por estructuras que se alimentan de la falta de oportunidades, la deserción escolar y la fragilidad institucional en los barrios. En una ciudad que sigue lidiando con homicidios, microtráfico y reclutamiento urbano, la prevención dejó de ser un complemento y pasó a ser una necesidad urgente.

El valor de esta iniciativa está en que reconoce una verdad incómoda: combatir el delito no depende únicamente de capturas o operativos policiales. Si las redes encuentran menores disponibles, con poco apoyo familiar, escolares desconectados y pocas rutas de protección, la violencia se reproduce con facilidad. Por eso, este tipo de convenios importa más allá del número de beneficiarios iniciales. Cali está ensayando una respuesta temprana en zonas donde el Estado suele llegar tarde, y eso puede marcar la diferencia entre prevenir trayectorias criminales o seguir atendiendo sus consecuencias años después. En Colombia, donde muchos debates sobre seguridad se concentran en el castigo, este enfoque recuerda que la primera línea de defensa también está en la infancia y la adolescencia.

La magnitud real del plan se medirá en el terreno: si logra sostener a esos 600 adolescentes dentro del sistema educativo, alejarlos de la presión de las bandas y conectar a sus familias con rutas de apoyo, la ciudad podría tener una herramienta útil para reducir la base social del delito. Si queda solo en una intervención aislada, el impacto será limitado. Pero el mensaje político es claro: Cali entiende que la disputa por el territorio también se libra por sus menores, y que cada adolescente rescatado del engranaje criminal es una victoria que no siempre aparece en las cifras de seguridad, pero sí en el futuro de la ciudad.

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