Petro reaviva dudas sobre el escrutinio y tensiona el cierre de su Gobierno

Imagen: infobae colombia
A cuatro días de dejar la Casa de Nariño, Gustavo Petro volvió a poner en duda el resultado electoral que dio como ganador a Abelardo de la Espriella. Su denuncia reaviva el choque institucional en el cierre de su Gobierno.
A cuatro días de abandonar la Casa de Nariño, Gustavo Petro volvió a sembrar dudas sobre el resultado electoral que dio como ganador a Abelardo de la Espriella y reactivó una polémica que acompaña el cierre de su Gobierno. Desde la sede presidencial, el mandatario insistió en que hubo irregularidades en el escrutinio y habló de “oscuridad” en un proceso que, hasta ahora, fue avalado por el Consejo Nacional Electoral.
La nueva arremetida del jefe de Estado no es menor porque llega en el tramo final de su mandato y en medio de la transición de poder. Según informó infobae colombia, Petro se negó otra vez a reconocer el triunfo de su sucesor, pese a que el resultado de la contienda ya había sido validado oficialmente por la autoridad electoral. Esa postura mantiene abierto un frente político delicado: por un lado, el presidente saliente cuestiona la transparencia del proceso; por el otro, las instituciones insisten en que el escrutinio siguió los procedimientos establecidos.
El problema de fondo va más allá de una disputa personal o de una diferencia política. Cuando el presidente de la República pone en duda la legitimidad de una elección ya certificada, el mensaje que queda en el ambiente es corrosivo: erosiona la confianza pública en las reglas del juego y alimenta la idea de que el poder se entrega bajo sospecha. En un país como Colombia, donde la credibilidad electoral ha sido históricamente frágil, ese tipo de señalamientos puede tener efectos duraderos, especialmente entre los votantes que ya desconfían de las instituciones y entre los sectores que ven en el relevo presidencial una oportunidad para estabilizar el debate político.
Además, el episodio deja al descubierto la tensión entre la narrativa política y la ruta institucional. Petro llega al final de su Gobierno sin cerrar del todo la disputa con las urnas, mientras el país se prepara para un nuevo ciclo de poder. En la práctica, eso significa que la transición no solo se jugará en la agenda económica y social del próximo mandatario, sino también en el terreno simbólico de la legitimidad. Y cuando un presidente sale de escena dejando dudas sobre el proceso que definió a su sucesor, el costo no se mide solo en titulares: se mide en desconfianza acumulada.



