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Madres buscan a sus hijos en las cárceles de Bukele y enfrentan el silencio del Estado

Hace 3 horas
Madres buscan a sus hijos en las cárceles de Bukele y enfrentan el silencio del Estado

Imagen: BBC Mundo

En El Salvador, cientos de mujeres recorren cárceles, juzgados y fiscalías desde hace cuatro años para buscar a sus hijos y familiares detenidos. Su desesperación, alimentada por el silencio del sistema, ya se convirtió en un colectivo de madres que no acepta desaparecer en la burocracia.

En El Salvador, cientos de mujeres llevan cuatro años golpeando puertas de cárceles, juzgados y fiscalías para saber si sus hijos y familiares detenidos siguen vivos, dónde están y de qué se les acusa. La búsqueda, nacida como tragedia individual, terminó convirtiéndose en una red de madres y parientes que se acompañan en el abandono institucional y en la incertidumbre que deja el sistema penitenciario bajo el gobierno de Nayib Bukele.

Según informó BBC Mundo, estas mujeres peregrinan entre oficinas y centros de detención desde el inicio del régimen de excepción, una política que ha permitido miles de capturas en nombre de la lucha contra las pandillas. En ese camino, muchas no han recibido respuestas claras, expedientes accesibles ni certezas mínimas sobre el paradero de sus familiares. La consecuencia es brutal: hay madres que dicen no saber si sus hijos están vivos, si fueron trasladados, si enfrentan cargos formales o si quedaron atrapados en una maquinaria judicial que avanza con poca transparencia.

Lo que está ocurriendo importa mucho más allá de la angustia personal de estas familias. El caso salvadoreño se ha convertido en uno de los experimentos de seguridad más celebrados y, al mismo tiempo, más cuestionados de América Latina. Bukele ha construido popularidad sobre la reducción drástica de homicidios y la promesa de mano dura; pero ese éxito político convive con denuncias sobre detenciones arbitrarias, falta de debido proceso y opacidad estatal. Cuando las familias no logran localizar a sus detenidos, el problema deja de ser solo judicial: también se vuelve humanitario y democrático. En contextos de poder concentrado, la pregunta no es únicamente cuántos criminales fueron capturados, sino cuántos inocentes quedaron atrapados sin defensa efectiva.

Que estas mujeres se hayan reunido de manera orgánica revela algo decisivo: cuando el Estado no informa, la sociedad se organiza para buscarse a sí misma. Ese colectivo de madres es hoy una forma de resistencia civil frente al silencio, pero también un espejo incómodo para El Salvador y para la región. La popularidad de una política de seguridad no debería medirse solo por las cifras oficiales, sino por la capacidad del Estado de responder con verdad, acceso a la justicia y trato humano. Si eso falla, la victoria contra el crimen deja una herida abierta en miles de familias que siguen preguntándose si sus seres queridos existen o quedaron borrados por el sistema.

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