Perú sigue sin presidente claro: la ONPE avanza lento y pide esperar el conteo total

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Perú sigue en vilo por la segunda vuelta presidencial mientras la ONPE avanza con el conteo oficial al 96,437% de actas procesadas. El organismo pidió a los partidos esperar el 100% del procesamiento antes de proclamar ganadores o alimentar lecturas prematuras.
La segunda vuelta presidencial en Perú sigue sin definición y la tensión política se mantiene alta mientras la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) avanza lentamente con el conteo oficial. Con el 96,437% de las actas procesadas, el organismo electoral volvió a pedir prudencia a los partidos y a la ciudadanía, insistiendo en que cualquier lectura sobre un ganador debe esperar la totalidad del procesamiento. En una elección de esta magnitud, cada décima cuenta, y el margen estrecho entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez mantiene el país en una espera que ya comienza a desgastar la paciencia pública.
De acuerdo con la información divulgada por la ONPE, el escrutinio continúa y todavía resta un tramo por cerrar antes de que la autoridad electoral pueda ofrecer un resultado definitivo. La petición de esperar el 100% no es un gesto protocolario menor: busca frenar la presión política, los triunfalismos anticipados y la desinformación que suele multiplicarse en escenarios de conteo apretado. En este tipo de procesos, las actas observadas, los votos del exterior y las discrepancias logísticas pueden mover el tablero más de lo que parece a simple vista, especialmente cuando la diferencia entre candidatos es reducida.
El caso peruano vuelve a mostrar una verdad incómoda para la región: cuando una elección se define por márgenes mínimos, la confianza en las instituciones electorales importa tanto como el voto mismo. La ONPE no solo está contando papeletas; está tratando de sostener la legitimidad del proceso frente a un clima de polarización que puede convertir cualquier retraso en sospecha y cualquier ventaja parcial en bandera política. En un país que arrastra años de crisis institucional, esta espera no es solo técnica: también es un test de gobernabilidad. Si el resultado final confirma una diferencia estrecha, el desafío no será únicamente quién gane, sino si el país acepta el veredicto sin que la disputa se traslade de las urnas a la calle.
Por ahora, el mensaje institucional es claro: no hay un desenlace oficial hasta que todas las actas estén procesadas. Y en una elección que ha puesto a prueba la paciencia de Perú, esa precisión importa más que nunca, porque un cierre apresurado podría agravar una fractura política que ya venía abierta antes de la jornada electoral.



