Cepeda intenta frenar la ruptura en el Pacto Histórico y carga contra el Gobierno

Imagen: infobae colombia
Iván Cepeda pidió bajar la tensión dentro del Pacto Histórico y negó que exista una fractura terminal en la coalición. Al mismo tiempo, lanzó críticas a decisiones atribuidas al Gobierno de Abelardo de la Espriella, al que acusó de agravar la crisis política.
Iván Cepeda salió a poner paños fríos sobre las versiones de ruptura en el Pacto Histórico, pero su mensaje dejó claro que la coalición atraviesa un momento de tensión que ya no puede disimularse. En un pronunciamiento público, el senador llamó a sus aliados a dejar de lado las peleas internas y trató de desmontar la idea de un quiebre definitivo, aunque al mismo tiempo elevó el tono contra el Gobierno al cuestionar varias de sus decisiones y describir el panorama nacional con una crítica frontal que, en su lectura, refleja un deterioro político más profundo.
Según informó infobae colombia, Cepeda insistió en que el debate dentro de la izquierda no debería convertirse en una guerra de bandos, porque eso solo terminaría debilitando el proyecto que llevó al Pacto Histórico a convertirse en una fuerza determinante en el Congreso y en la agenda pública. Su mensaje buscó reconstruir la imagen de una coalición que, pese a sus diferencias, todavía conserva incentivos para mantenerse unida frente al escenario electoral y legislativo que se avecina. Pero el trasfondo es evidente: las disputas por liderazgo, estrategia y posiciones frente al Gobierno han dejado de ser una discusión menor y hoy amenazan con fragmentar la capacidad de incidencia del bloque.
La relevancia de esta declaración va más allá de una disputa interna. El Pacto Histórico no es solo una alianza de partidos y sectores de izquierda; es la principal expresión política del progresismo en Colombia y una pieza central del reacomodo que vive el sistema político desde la llegada de Gustavo Petro al poder. Cuando uno de sus figuras más visibles reconoce la necesidad de detener las peleas, está admitiendo que la cohesión de la coalición ya no puede darse por sentada. Y cuando, además, se lanza una crítica directa al Gobierno de Abelardo de la Espriella —al que Cepeda responsabiliza de decisiones que, a su juicio, profundizan la crisis—, lo que aparece es una doble operación política: salvar al bloque por dentro mientras se presiona al Ejecutivo por fuera. En la práctica, ese equilibrio es difícil de sostener y puede anticipar una etapa de mayor confrontación discursiva, tanto dentro de la izquierda como entre el oficialismo y sus contradictores.
Para la ciudadanía, este tipo de choques importa porque suelen traducirse en menos capacidad del Gobierno y sus aliados para sacar adelante reformas, responder a la inseguridad o construir mayorías estables en el Congreso. En otras palabras, la pelea no ocurre en un vacío: termina impactando la gobernabilidad, la agenda social y la confianza pública en la política. Cepeda quiso transmitir que el Pacto Histórico todavía puede recomponer su unidad, pero su intervención confirma que la coalición está entrando en una fase en la que cada palabra, cada desacuerdo y cada definición táctica tendrá consecuencias más amplias de lo que parece a primera vista.


