Colombia

Cepeda cuestiona el machismo en la izquierda y pide redistribuir el poder

Hace 1 hora

Iván Cepeda puso el dedo en una de las heridas más incómodas de la izquierda: el machismo que persiste incluso en discursos de emancipación. El senador pidió redistribuir el poder de manera real y advirtió que la lealtad partidista no puede usarse para tapar la violencia.

Iván Cepeda lanzó una de las críticas más duras que se han escuchado desde el interior de la izquierda colombiana sobre un tema que suele incomodar en público: el machismo. El senador sostuvo que no hay coherencia entre hablar de emancipación y mantener prácticas de dominación, y llamó a una redistribución efectiva del poder dentro de los espacios políticos que se presentan como progresistas.

Su señalamiento no se quedó en una consigna moral. Cepeda fue más allá al cuestionar que las lealtades de partido terminen funcionando como escudo para tolerar o encubrir violencias, una práctica que, según su planteamiento, erosiona la credibilidad de cualquier proyecto político que se reclame transformador. El mensaje apunta tanto a las estructuras internas de las organizaciones como a la forma en que se tramitan sus disputas, muchas veces más preocupadas por la disciplina que por la justicia frente a las víctimas.

Lo dicho por el senador importa porque toca una tensión de fondo en la política colombiana: la distancia entre el discurso y la práctica. Durante años, sectores de izquierda han construido su legitimidad sobre la defensa de la igualdad, los derechos y la dignidad humana, pero Cepeda recordó que esos principios pierden fuerza cuando en su interior persisten jerarquías de género, silencios frente a abusos y dinámicas de poder que reproducen lo que dicen combatir. En un país donde la violencia contra las mujeres sigue siendo un problema estructural, esa contradicción no es menor ni simbólica: define la capacidad real de cualquier movimiento para gobernar con coherencia.

Además, el pronunciamiento llega en un momento en que la opinión pública exige más coherencia ética a los actores políticos, no menos. La autocrítica de Cepeda abre una discusión incómoda pero necesaria: si la izquierda quiere presentarse como alternativa de cambio, debe revisar sus propias prácticas, no solo sus adversarios. De lo contrario, el lenguaje de la transformación corre el riesgo de convertirse en una coartada para conservar viejas relaciones de poder bajo un nuevo nombre.

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