Trump cierra más de 100 escuelas de manejo por fraudes y conductores sin inglés
Imagen: infobae estados unidos
La administración Trump ordenó el cierre de más de 100 escuelas de manejo tras detectar que certificaban conductores sin dominio del inglés y con fallas graves en su operación. El operativo reveló que 4 de cada 10 centros inspeccionados incumplían reglas básicas de formación y habilitación.
La administración Trump dio un golpe frontal contra una red de escuelas de manejo que, según las autoridades, estaba ayudando a poner en circulación conductores mal preparados y, en varios casos, sin el nivel mínimo de inglés requerido para operar legalmente en Estados Unidos. En un operativo anunciado en Detroit por el Departamento de Transporte y el Departamento de Seguridad Nacional, más de 100 centros fueron cerrados o sancionados tras detectarse irregularidades que van desde certificaciones fraudulentas hasta fallas elementales en personal, entrenamiento y condiciones de funcionamiento.
El dato que más preocupa a los investigadores es que cerca del 40% de los establecimientos revisados incumplía normas básicas de la actividad. Eso incluyó escuelas que no contaban con instructores debidamente habilitados, programas de formación deficientes y, en algunos casos, instalaciones que no cumplían con los requisitos mínimos para operar. La administración sostiene que estas prácticas no solo deforman el mercado de licencias de conducir, sino que también representan un riesgo directo para la seguridad vial, porque permiten que personas sin preparación real obtengan documentos que luego les abren la puerta a manejar vehículos comerciales o particulares en carreteras ya saturadas.
Más allá del operativo puntual, el caso deja al descubierto una tensión de fondo que viene creciendo en distintos estados: la presión por agilizar licencias frente al deber de verificar competencia, idioma y capacidad de respuesta en situaciones de emergencia. En Estados Unidos, el dominio del inglés no es un requisito decorativo; forma parte de la lógica de seguridad para leer señales, entender instrucciones y comunicarse en controles o accidentes. Cuando esa exigencia se relaja o se falsifica, el problema no es solo administrativo: puede terminar afectando a otros conductores, peatones y a las cadenas logísticas que dependen del transporte terrestre. Para comunidades inmigrantes y trabajadores del transporte, el mensaje también es claro: las autoridades van a endurecer la vigilancia sobre un sector donde abundan intermediarios y donde la informalidad ha encontrado espacio para crecer.
El operativo de Detroit funciona, en ese sentido, como una señal política y regulatoria. La Casa Blanca intenta mostrar que no solo persigue a los conductores que incumplen, sino también a la infraestructura que les facilita evadir controles. Si la ofensiva se mantiene, otras jurisdicciones podrían seguir el mismo camino y ampliar las inspecciones sobre academias de manejo, especialmente en estados con alta demanda de licencias comerciales. El resultado puede ser una limpieza necesaria en un sector opaco, pero también una mayor presión sobre miles de aspirantes que sí cumplen la norma y dependen de estos centros para trabajar legalmente.


