Estados Unidos

La Casa Blanca abre una nueva pulseada por las exenciones a biocombustibles en EE.UU.

Hace 3 horas

La Casa Blanca empuja una expansión inédita de exenciones de biocombustibles que podría volcar más de 1.800 millones de créditos a pequeñas refinerías. La medida, casi el doble de lo previsto, reabre la pulseada entre petroleras, agricultores y reguladores.

La Casa Blanca está a punto de mover una ficha que puede reordenar el equilibrio entre el negocio del petróleo y el poder del Cinturón Agrícola: la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) prepara un anuncio sobre más de 1.800 millones de créditos vinculados a exenciones de biocombustibles para pequeñas refinerías. El volumen, según adelantó infobae estados unidos, casi duplica lo que el mercado y los propios actores del sector venían proyectando, y ya encendió alarmas en ambos extremos de la cadena energética.

El punto de fondo es técnico, pero el impacto es muy concreto. Esos créditos funcionan como compensaciones dentro del programa federal de biocombustibles, un esquema que obliga a mezclar combustibles fósiles con etanol y biodiésel para sostener la demanda de maíz y soja, sobre todo en estados agrícolas del Medio Oeste. Las pequeñas refinerías suelen pedir alivios regulatorios argumentando que cumplir con esas cuotas les resulta desproporcionadamente costoso. Si la EPA termina liberando una cifra tan alta de créditos, el beneficio para ese segmento sería sustancial, pero el costo político recaería de inmediato sobre agricultores, productores de biocombustibles y legisladores del Cinturón Agrícola que dependen de ese mercado para sostener empleo e inversión.

Lo que está en juego no es solo una disputa administrativa, sino una vieja pelea por quién absorbe el costo de la transición energética en Estados Unidos. Para las refinerías, las exenciones representan oxígeno frente a márgenes ajustados y una regulación que consideran rígida; para el agro, en cambio, cualquier ampliación de alivios debilita la demanda interna de granos y erosiona una política que durante años fue presentada como un motor económico rural. Por eso la decisión de la EPA importa más allá del tecnicismo: puede influir en precios, en inversión industrial y en la agenda electoral de varios estados bisagra donde la energía y el campo pesan tanto como la política partidista.

La lectura de fondo es que la administración de Donald Trump, si confirma esta línea, estaría profundizando una visión más favorable a los combustibles fósiles y más flexible con las refinerías pequeñas, incluso a costa de tensar el vínculo con el sector agrícola que históricamente ha sido una base republicana clave. En un país donde la energía todavía se decide por regiones y lobbies, una cifra de 1.800 millones de créditos no es un dato contable: es una señal de hacia dónde quiere mover el Gobierno el tablero de poder entre Wall Street energético, las refinerías regionales y el corazón agrícola de Estados Unidos.

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