El trauma que dejan los terremotos en Venezuela y Colombia va mucho más allá de los escombros

Imagen: BBC Mundo
Los terremotos en Venezuela y Colombia dejaron no solo miles de muertos, sino una crisis silenciosa para los sobrevivientes: el trauma psicológico. Especialistas advierten que la ayuda mental llega tarde, cuando muchas familias siguen buscando a sus seres queridos entre los escombros.
Los terremotos que golpearon a Venezuela y Colombia no solo dejaron un saldo devastador de muertos y destrucción material; también abrieron una herida invisible que los especialistas en salud mental intentan atender en medio del caos. Con más de 6.000 fallecidos en Venezuela y más de 280 en Colombia, el desafío ahora no es únicamente rescatar cuerpos o reconstruir viviendas, sino contener a miles de sobrevivientes atrapados entre el duelo, la culpa y la incertidumbre de no saber si sus familiares siguen con vida.
De acuerdo con la información difundida por BBC Mundo, los equipos de apoyo psicológico enfrentan un escenario particularmente complejo: muchas de las personas afectadas todavía están buscando a sus seres queridos entre los escombros o esperando noticias en albergues improvisados. En ese contexto, el sufrimiento emocional no llega después de la tragedia; ocurre al mismo tiempo que la emergencia, cuando el sistema humanitario todavía intenta responder a las necesidades más básicas. Para los profesionales, eso significa trabajar con personas que no solo han perdido su casa o sus bienes, sino también su sentido de seguridad, su rutina y, en muchos casos, su red familiar completa.
Ese panorama explica por qué el acompañamiento psicológico en desastres naturales suele ser una tarea subestimada y tardía en América Latina. En países como Venezuela y Colombia, donde los servicios públicos ya arrastran limitaciones estructurales, la atención en salud mental suele quedar relegada frente a la urgencia médica y logística. Pero el impacto emocional de un terremoto no desaparece cuando se retiran los escombros. Se manifiesta después, en forma de insomnio, ansiedad, depresión, culpa del sobreviviente y estrés postraumático, síntomas que pueden marcar durante años la vida de quienes logran salir con vida. Por eso, los expertos insisten en que la respuesta humanitaria no puede medirse solo en toneladas de ayuda o en cifras de reconstrucción.
Lo que ocurre tras una catástrofe como esta debería servir de advertencia para la región: la preparación ante desastres no puede centrarse únicamente en la infraestructura y la evacuación. También debe incluir una estrategia seria de salud mental para las víctimas y sus familias, especialmente en comunidades donde el duelo es colectivo y la pérdida alcanza a casi todos. En los terremotos de Venezuela y Colombia, el desastre no terminó con el temblor. Para muchos sobrevivientes, apenas comenzó ahí.




