China sigue frenada: el consumo no repunta y la crisis inmobiliaria pesa más
Imagen: infobae mundo
La economía china cerró el último mes con señales de fragilidad: el consumo sigue flojo y la crisis inmobiliaria continúa golpeando la actividad. El único alivio vino de la producción industrial, impulsada por la robótica y la alta tecnología.
La economía china volvió a mostrar señales de agotamiento en el último mes, arrastrada por un consumo interno débil y por una crisis inmobiliaria que no termina de encontrar piso. Aunque la producción industrial ofreció un respiro, el balance general confirma que la segunda mayor economía del mundo sigue lejos de una recuperación sólida, según informó infobae mundo a partir de los datos de la Oficina Nacional de Estadística de China.
El organismo admitió que empresas de distintos sectores continúan enfrentando “dificultades reales”, una formulación que en la práctica resume un problema más profundo: la demanda no despega, los hogares siguen cautelosos y el ladrillo, que durante años fue uno de los motores de crecimiento, sigue siendo una carga para la economía. En contraste, el punto más positivo del mes fue la producción industrial, que creció impulsada por ramas vinculadas con la robótica y la alta tecnología, dos áreas en las que Pekín viene apostando fuerte para compensar el enfriamiento de sectores tradicionales.
Lo que ocurre en China no es un dato aislado ni un problema doméstico sin consecuencias. Cuando el consumo chino se debilita, se resiente también la demanda global de materias primas, bienes intermedios y manufacturas, con efectos que alcanzan a economías exportadoras de América Latina, incluida Colombia. Y cuando el mercado inmobiliario chino se enfría, el impacto se extiende a bancos, constructoras, proveedores y gobiernos locales que durante años dependieron del negocio de la tierra y de la expansión urbana. Por eso, más allá de los indicadores puntuales, el gran interrogante es si el gigante asiático podrá reequilibrar su crecimiento sin seguir apoyándose en deuda, obras públicas y estímulos de corto plazo.
La señal más preocupante es que China ya no puede esconder sus debilidades estructurales detrás de un crecimiento manufacturero robusto. La apuesta por la tecnología y la automatización puede sostener algunos sectores, pero no reemplaza por sí sola el efecto de un mercado interno sólido ni resuelve el derrumbe de la confianza en la vivienda. Para Estados Unidos y América Latina, esta desaceleración importa porque altera precios, comercio y expectativas de inversión en un contexto global que ya viene golpeado por tasas altas, menor dinamismo y mayor incertidumbre geopolítica.



