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España revive su vieja fórmula y vuelve a parecer candidata al trono mundial

Hace 7 horas

España volvió a imponer una idea que parecía enterrada: posesión, disciplina y equilibrio para neutralizar a Mbappé y compañía. Con Rodri como eje y Yamal como chispa, la Roja recordó por qué su fútbol sigue siendo una amenaza mundial.

España no solo ganó un partido: mandó un mensaje. Frente al ataque más temible del Mundial, el equipo de Luis de la Fuente respondió con un plan colectivo que anuló a Francia desde la pelota, la organización y la presión sin descanso. Lo más llamativo no fue una figura aislada, sino la sensación de que la Roja volvió a funcionar como una máquina bien calibrada, capaz de sostener el ritmo, mandar en el mediocampo y cerrar los espacios donde normalmente aparece el caos.

Según informó Elcomercio.pe, el equipo español construyó su superioridad a partir de varios pilares que hoy vuelven a ser reconocibles en la selección: posesión con intención, disciplina táctica, variantes en la mitad de la cancha y una defensa que operó como bloque. Rodri volvió a ser el gran termómetro del equipo, el futbolista que ordena, decide y da salida limpia cuando el rival intenta presionar. A su alrededor, la aparición luminosa de Lamine Yamal aportó desequilibrio y desparpajo, dos ingredientes que ayudan a explicar por qué España ya no depende solo del control, sino también de la capacidad de lastimar en el momento preciso.

La importancia de este triunfo va más allá de un cruce puntual. España parecía haber perdido durante años la fórmula que la convirtió en referente mundial, después del ciclo dorado que ganó Eurocopa, Mundial y otra Eurocopa entre 2008 y 2012. Ese modelo fue cuestionado cuando el fútbol de posesión empezó a parecer predecible y menos agresivo, pero lo que mostró ahora la selección de De la Fuente es una versión más pragmática: conserva la pelota, sí, pero también acelera cuando encuentra ventaja y se protege mejor cuando pierde el control. En otras palabras, no ha vuelto el tiki-taka en su versión romántica; ha regresado una versión más madura, más competitiva y menos ingenua.

Y eso es lo que vuelve peligrosa a España. En un fútbol internacional dominado por transiciones rápidas, delanteros explosivos y partidos cada vez más caóticos, tener un equipo capaz de desactivar a una superestrella como Mbappé mediante estructura, lectura y sincronía es una declaración de poder. Si este rendimiento se sostiene, la Roja no solo compite: vuelve a colocarse entre los grandes candidatos a dominar el próximo ciclo. Para sus rivales, la advertencia es clara: cuando España encuentra equilibrio entre control y verticalidad, deja de ser una selección estética para convertirse otra vez en una amenaza real para cualquiera.

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