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La red oculta que ayuda a Putin a vender petróleo pese a las sanciones

Hace 17 horas

Una investigación de The Times reveló que la llamada flota fantasma de Rusia opera con exmercenarios de Wagner, excombatientes y hasta exespías a bordo. La maniobra ayuda a Putin a esquivar sanciones y seguir financiando la guerra en Ucrania.

El petróleo ruso sigue saliendo al mercado internacional pese al cerco de sanciones europeas, y ahora una investigación del diario británico The Times expuso el músculo humano que protege esa ruta clandestina: exmercenarios de Wagner, antiguos combatientes y hasta exespías rusos integran la tripulación de petroleros que operan en la sombra para sostener los ingresos de Moscú. La revelación, recogida por Clarín Colombia, confirma que la llamada “flota fantasma” no es solo un problema comercial, sino una pieza de seguridad y guerra económica al servicio del Kremlin.

Según el reporte, estos buques navegan bajo estructuras opacas, cambian de bandera, apagan o alteran sistemas de rastreo y se mueven por corredores marítimos estratégicos como el Canal de la Mancha para llevar crudo ruso a compradores dispuestos a cerrar los ojos ante el origen del producto. El objetivo es claro: mantener el flujo de dinero que alimenta la maquinaria bélica de Vladimir Putin en Ucrania. Las sanciones occidentales, diseñadas para asfixiar esa fuente de financiamiento, han empujado a Rusia a perfeccionar redes paralelas de exportación que hoy dependen no solo de empresas pantalla y aseguradoras dudosas, sino también de personal con experiencia militar y de inteligencia.

Lo más inquietante de este hallazgo es que desnuda hasta qué punto la guerra se trasladó al mar y al mercado energético global. Europa intentó debilitar a Moscú restringiendo el comercio de hidrocarburos, limitando seguros, servicios portuarios y financiamiento. Pero la economía rusa ha encontrado válvulas de escape en una flota que opera fuera del escrutinio normal, con barcos envejecidos, transferencias de carga en alta mar y tripulaciones con perfiles que sugieren disciplina operativa y capacidad para responder a inspecciones, controles o intentos de interceptación. En otras palabras, no se trata solo de contrabandistas improvisados, sino de una estructura de evasión cada vez más profesionalizada.

Para Europa, el caso es una advertencia incómoda: el castigo económico a Rusia sigue teniendo grietas mientras exista demanda internacional de crudo barato y mecanismos débiles de vigilancia marítima. Para Ucrania, cada tonelada exportada fuera del sistema sancionatorio representa dinero fresco para prolongar la guerra. Y para el resto del mundo, incluida América Latina, el episodio revela cómo las disputas geopolíticas terminan impactando precios de energía, seguros marítimos y estabilidad de mercados. La “flota fantasma” no navega en un vacío; lo hace en medio de una economía global que todavía tolera demasiadas zonas grises cuando el petróleo promete ganancias y el control internacional llega tarde.

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