Florentino Pérez encara su tercera gran prueba al frente del Real Madrid

Imagen: El País
Florentino Pérez vuelve a recibir el respaldo del madridismo para pilotar el Real Madrid en una nueva etapa. El reto ya no es solo ganar: es demostrar que su modelo sigue vigente en un fútbol cada vez más caro y más político.
El madridismo volvió a elegir este domingo a Florentino Pérez como el hombre llamado a conducir al club en una nueva etapa de ambición y riesgo. No se trata solo de un respaldo electoral: es una apuesta por la continuidad de un dirigente que ya había transformado al Real Madrid dos veces, primero como constructor de un proyecto deportivo de élite y después como arquitecto de una maquinaria económica y de marca que elevó al club a otra escala. Ahora, con el mensaje de que confían en él para repetir la hazaña por tercera vez, Pérez vuelve a quedar en el centro de todas las expectativas.
La lectura de ese apoyo va más allá del entusiasmo de una base social acostumbrada a vivir de títulos y de gestos grandilocuentes. El club sigue valorando, ante todo, la capacidad de su presidente para convertir una institución deportiva en una empresa global sin perder competitividad en el campo. Bajo su mandato, el Real Madrid ha aprendido a convivir con la presión del éxito permanente, con fichajes que pesan tanto en lo simbólico como en lo contable y con una exigencia que no admite ciclos largos de reconstrucción. Ese es, precisamente, el capital político de Pérez: convencer al socio de que su fórmula sigue siendo la más fiable en un mercado donde casi todo se compra y casi nada se perdona.
Pero la tercera oportunidad también es la más delicada. El fútbol europeo cambió, los rivales se profesionalizaron, la inflación de los traspasos disparó las diferencias entre clubes y la batalla por el poder ya no se libra solo en el césped, sino en despachos, tribunales, plataformas de televisión y organismos reguladores. Pérez llega a esta nueva etapa con la ventaja de la experiencia y con el peso de una figura que divide opiniones incluso entre quienes reconocen su eficacia. Por eso esta elección importa más allá del Real Madrid: el club sigue funcionando como termómetro del modelo de gran capital en el deporte, donde el éxito no solo depende de fichar bien, sino de sostener una narrativa de dominio que legitime cada movimiento.
En ese contexto, lo que el madridismo ha hecho es renovar el contrato de confianza con el dirigente que mejor encarna el poder en la historia reciente del club. La pregunta ahora no es si Florentino Pérez sabe ganar; ya demostró que sí. La incógnita es si puede seguir haciéndolo en un escenario más hostil, con menos margen para el error y con una afición que ya no solo exige resultados, sino que espera una nueva demostración de ingenio institucional. Si lo consigue, habrá consolidado una de las presidencias más influyentes del deporte mundial. Si no, la tercera oportunidad quedará como el intento más ambicioso de prolongar un ciclo que parecía diseñado para no terminar nunca.
