Estados Unidos

La IA agranda la brecha empresarial y amenaza la supervivencia de firmas rezagadas

Hace 3 horas
La IA agranda la brecha empresarial y amenaza la supervivencia de firmas rezagadas

Imagen: El País

La inteligencia artificial ya está separando a las empresas en dos velocidades: una gana eficiencia y la otra empieza a quedarse sin margen para competir. Entre 2022 y 2025, la brecha de productividad entre compañías que la usan y las que no se duplicó, según analistas citados por El País.

La inteligencia artificial está dejando de ser una promesa tecnológica para convertirse en una línea divisoria dentro del mundo empresarial. Entre 2022 y 2025, el diferencial de eficiencia entre las compañías que han incorporado estas herramientas y las que siguen operando sin ellas se duplicó, de acuerdo con el análisis citado por El País. El resultado es inquietante: las firmas rezagadas no solo producen menos, sino que podrían perder capacidad para sostener salarios competitivos y atraer talento en un mercado cada vez más exigente.

El dato no habla únicamente de tecnología, sino de supervivencia económica. Las empresas que adoptan IA están acelerando procesos, reduciendo tiempos muertos y tomando decisiones con más información y menos costo operativo. En cambio, las que avanzan lento quedan expuestas a una desventaja acumulativa: venden menos, ganan menos y, por tanto, tienen menos espacio para invertir en personal, innovación o expansión. Según los analistas consultados por El País, ese rezago puede volver obsoletos a muchos negocios si no logran adaptarse a tiempo.

El problema de fondo es que la IA no está repartiendo beneficios de manera uniforme. Como ha ocurrido con otras revoluciones tecnológicas, la ganancia inicial se concentra en quienes tienen capital, datos, capacidad de implementación y cultura organizacional para absorber el cambio. Eso amplía la distancia entre grandes y pequeñas empresas, entre sectores intensivos en tecnología y actividades más tradicionales, y entre compañías que pueden automatizar tareas y las que dependen todavía de procesos manuales. Para el trabajador común, esto tiene una traducción concreta: las empresas menos productivas tendrán más dificultades para subir salarios, ofrecer estabilidad o retener empleados frente a competidores más eficientes.

Lo que está en juego no es solo la rentabilidad empresarial, sino la estructura misma del mercado laboral. Si la brecha sigue creciendo, el efecto puede sentirse en cascada: menos empleo de calidad en las firmas atrasadas, más presión sobre los salarios y una competencia desigual que castiga a quienes no se modernizan. La advertencia de fondo es clara: en esta nueva etapa, no incorporar IA ya no parece una opción conservadora, sino un riesgo estratégico que puede costar viabilidad. Y en economía, cuando una empresa pierde productividad, tarde o temprano también empieza a perder futuro.

Noticias relacionadas