La biomasa crece en Cataluña, pero no alcanza para frenar la amenaza de incendios

Imagen: El País
La industria catalana elevó un 19% su consumo de biomasa en 2025, impulsada por los fondos europeos y la transición energética. Pero el avance sigue siendo insuficiente para sanear los bosques y reducir el riesgo de incendios.
La industria catalana está consumiendo más biomasa que nunca, pero el salto no alcanza para resolver uno de los problemas más urgentes del territorio: el exceso de masa forestal acumulada y el riesgo creciente de incendios. Según informó El País, el uso de esta fuente renovable creció un 19% en 2025, un aumento asociado en buena medida al empuje de los fondos europeos y a la sustitución de combustibles fósiles en procesos industriales.
El dato confirma que la transición energética ya no es una promesa abstracta, sino una decisión que empieza a mover cadenas productivas completas. La biomasa —procedente de restos forestales, agrícolas o subproductos orgánicos— se está abriendo paso como alternativa para generar calor y energía en fábricas, centros logísticos y equipamientos públicos. Ese crecimiento, sin embargo, tiene una lectura más compleja: la demanda industrial avanza más rápido que la capacidad de aprovechar esta vía como herramienta de gestión forestal. Es decir, se usa más biomasa, pero no necesariamente se extrae lo suficiente del monte como para aligerar la carga combustible que alimenta los incendios.
Ahí está el punto crítico. Cataluña, como otras regiones del sur de Europa, arrastra bosques cada vez más densos por el abandono rural, la falta de aprovechamiento forestal y las sequías recurrentes asociadas al cambio climático. En ese contexto, la biomasa podría cumplir una doble función: descarbonizar la industria y ayudar a limpiar el bosque. Pero la información publicada por El País muestra que, por ahora, el segundo objetivo sigue lejos de cumplirse. El mercado crece, sí, pero todavía no tiene la escala suficiente para convertirse en una política forestal de impacto real. Y eso importa porque los incendios no solo destruyen biodiversidad: también golpean viviendas, actividad económica, salud pública y presupuestos autonómicos cada verano.
Lo que está ocurriendo en Cataluña deja una lección más amplia para España y para Europa: las ayudas comunitarias pueden acelerar la demanda de tecnologías limpias, pero sin una estrategia territorial coordinada el efecto se queda a medias. Si la biomasa se convierte solo en una fuente energética para la industria, el bosque seguirá acumulando combustible; si se integra en una política seria de prevención, entonces sí puede convertirse en una pieza clave frente a la crisis climática y el fuego.




