La jubilada que convirtió el ADN y los árboles familiares en una herramienta contra el olvido

Imagen: BBC Mundo
Margaret Press, una jubilada de 80 años, ayudó a cambiar la forma de identificar víctimas de asesinato al unir ADN y genealogía. Su método ha permitido poner nombre a personas que llevaban décadas sin ser reconocidas.
Durante años, muchos crímenes quedaron congelados en el tiempo porque a las víctimas les faltaba algo tan básico como un nombre. Margaret Press, una jubilada que convirtió la genealogía en una herramienta forense, ideó una combinación de árboles familiares y análisis de ADN que hoy permite identificar restos humanos vinculados a asesinatos, en algunos casos después de décadas de anonimato. Su trabajo ha abierto una ruta nueva para resolver casos que parecían imposibles y, sobre todo, para devolverles identidad a personas olvidadas por el sistema.
Según informó BBC Mundo, Press fue una de las pioneras en aplicar la genealogía genética al trabajo policial: en lugar de limitarse a comparar muestras con bases de datos tradicionales, rastrea parentescos, cruza apellidos, fechas, migraciones familiares y coincidencias biológicas para reconstruir identidades. Ese método ha sido clave en la identificación de víctimas de homicidio cuyos cuerpos permanecieron sin nombre durante años, e incluso décadas, mientras las investigaciones se estancaban por falta de pistas. Lo que antes era una oficina llena de expedientes cerrados ahora puede convertirse en una red de relaciones familiares que, pieza por pieza, acerca una verdad largamente postergada.
La importancia de este enfoque va más allá del caso individual. En Estados Unidos, donde miles de personas siguen desaparecidas o sin identificar, la genealogía forense se ha consolidado como una herramienta con impacto real en la justicia, la memoria y la reparación. También plantea preguntas sobre el acceso a bases genéticas, la privacidad y el alcance del uso policial de estas tecnologías, pero en muchos casos el balance ha sido claro: frente al olvido institucional, la ciencia y la investigación familiar están permitiendo reconstruir historias que parecían perdidas para siempre. Y para las familias, aunque la respuesta llegue tarde, ponerle nombre a una víctima sigue siendo el primer paso para cerrar una herida que el tiempo no borró.




