Japón rompe récord de longevidad, pero su crisis demográfica se agrava

Imagen: infobae mundo
Japón rompió una marca sin precedentes: ya suma más de 100.000 personas centenarias y casi nueve de cada diez son mujeres. El dato confirma su liderazgo en longevidad, pero también expone un problema mayor: una sociedad que envejece mientras nacen cada vez menos niños.
Japón volvió a mover la aguja de la demografía global con una cifra que impresiona por sí sola: el país ya supera los 100.000 centenarios, una marca récord en el mundo, y casi el 90% de ellos son mujeres, según informó Infobae Mundo. El dato, además de celebrar la longevidad japonesa, funciona como una alerta sobre el futuro de su estructura social y económica: vivir más no siempre significa vivir mejor si detrás hay menos nacimientos, menos trabajadores y más presión sobre el sistema público.
La distribución por sexo no es un detalle menor. Que la enorme mayoría de los centenarios sean mujeres confirma una tendencia conocida en muchos países, pero en Japón adquiere una dimensión excepcional por la magnitud de la cifra. La explicación combina factores biológicos, hábitos de vida, acceso sostenido a salud y una cultura que, durante décadas, ha desarrollado políticas y entornos favorables para una vejez más prolongada. Sin embargo, el récord convive con un fenómeno inverso que preocupa a Tokio: la natalidad sigue desplomándose pese a los intentos del gobierno por revertirla mediante subsidios, ayudas a familias y programas para incentivar la crianza.
Esa combinación dibuja el verdadero problema de fondo. Japón no solo está viviendo más; está reemplazándose menos. Y cuando una sociedad acumula centenarios mientras disminuye el número de nacimientos, el resultado es una pirámide demográfica deformada: menos jóvenes para sostener pensiones, menos mano de obra para la economía y más demanda de atención sanitaria y cuidados de larga duración. En otras palabras, el éxito de la longevidad se convierte en una prueba de estrés para el Estado. Lo que en otro momento habría sido un indicador de progreso, hoy también es una advertencia sobre la sostenibilidad de un modelo social que envejece más rápido de lo que logra renovarse.
El caso japonés importa mucho más allá de sus fronteras porque anticipa desafíos que ya empiezan a sentirse en otras economías desarrolladas y, en menor escala, también en América Latina. Colombia, por ejemplo, todavía no enfrenta una longevidad tan extrema, pero sí comienza a transitar un cambio demográfico parecido: menos nacimientos, mayor expectativa de vida y presión creciente sobre el sistema de salud y el ahorro para la vejez. Japón muestra lo que ocurre cuando una sociedad gana años de vida, pero no logra sumar suficientes nacimientos para sostenerse a sí misma. Es una victoria demográfica que, sin políticas de fondo, puede terminar pareciendo una cuenta regresiva.



