JBS enfrenta 14 demandas en Europa por la deforestación amazónica

Imagen: El País
Una coalición de organizaciones climáticas ha presentado 14 denuncias en cuatro países europeos contra JBS, la mayor empresa cárnica del mundo, por su presunta vinculación con la deforestación amazónica. La ofensiva judicial también apunta a bancos y fondos que habrían financiado a la compañía pese a las alertas ambientales.
La mayor empresa cárnica del planeta, JBS, quedó en el centro de una ofensiva judicial sin precedentes en Europa. Una coalición de organizaciones especializadas en litigios climáticos presentó 14 denuncias en cuatro países contra el gigante brasileño y contra parte de sus financiadores, a quienes responsabiliza de haber sostenido un modelo de negocio asociado, según los demandantes, con la deforestación de la Amazonia.
El movimiento combina presión legal y reputacional en varias jurisdicciones europeas, una estrategia que busca no solo señalar a la empresa por sus presuntos impactos ambientales, sino también incomodar a los actores financieros que le han dado respaldo. De acuerdo con la información difundida por El País, las acciones fueron impulsadas por organizaciones con experiencia en litigios climáticos, un terreno en el que cada vez más colectivos intentan traducir las denuncias ambientales en costos jurídicos concretos para corporaciones y bancos.
El caso importa porque JBS no es una empresa cualquiera: es un actor dominante en la industria cárnica global, con capacidad de mover cadenas de suministro, precios y decisiones de compra en múltiples países. Si las denuncias prosperan, el impacto podría ir mucho más allá de una pelea legal. También podría acelerar la vigilancia sobre el origen de la carne, endurecer los criterios de financiación verde y empujar a los bancos europeos a revisar con más rigor a qué empresas sostienen con su dinero. En la práctica, el caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: quién paga realmente el costo de la deforestación, si solo la empresa que tala o también quienes la financian y se benefician de su expansión.
La presión sobre JBS llega en un momento en que la Amazonia sigue siendo uno de los principales termómetros de la crisis climática global. Cada nuevo litigio contra una multinacional vinculada al uso del suelo refuerza una tendencia que ya no se limita a activistas y científicos: los tribunales se están convirtiendo en una nueva arena para disputar el futuro de los bosques. Y aunque aún falta ver cómo responderán las cortes europeas, el mensaje político es claro: la deforestación ya no se discute solo en selvas remotas o en cumbres ambientales, sino también en los despachos donde se decide el flujo del capital.




