Rajoy desata un choque con París y obliga a Moncloa a pedir rectificación

Imagen: El País
La publicación de un artículo de Mariano Rajoy en un medio francés abrió una nueva crisis diplomática y política entre Madrid y París. La Moncloa y el gobierno francés le exigieron rectificar por el tono “racista” de un texto que incluso incomodó a la derecha francesa.
La publicación de un artículo de Mariano Rajoy en un medio francés provocó un choque inesperado entre La Moncloa, el Elíseo y el propio Partido Popular. El texto, escrito por el expresidente español, fue recibido en París como un ataque de sesgo xenófobo y obligó al Gobierno español a salir a contener el daño, mientras el PP evitó desautorizarlo de forma frontal y trató de rebajar el alcance de una de sus frases más polémicas, aquella en la que sostiene que Francia juega sin franceses, según informó El País.
La reacción institucional fue inmediata. Tanto el Ejecutivo de Pedro Sánchez como autoridades francesas consideraron que el contenido del artículo cruzaba una línea inaceptable, no solo por el enfoque sobre la inmigración y la identidad nacional, sino porque el texto extendía sus críticas a la ultraderecha francesa sin dejar de apoyarse en una visión que fue leída como estereotipada y ofensiva. En paralelo, desde la dirección popular se optó por una respuesta calculada: no repudiar al expresidente, pero sí asegurar que la frase más controvertida se pronunció “sin mala intención”, una fórmula que en la práctica buscó desactivar el incendio sin romper del todo con quien fue jefe del Gobierno y sigue siendo una figura de peso dentro del partido.
El episodio importa más allá de la anécdota. Rajoy no es un militante cualquiera, sino un expresidente cuya voz todavía tiene eco dentro y fuera de España, y por eso cada una de sus intervenciones públicas puede leerse como una extensión simbólica del Partido Popular. Que un texto suyo obligue a intervenir a Moncloa y a París revela hasta qué punto la conversación sobre inmigración, identidad y populismo se ha vuelto explosiva en Europa, justo cuando la extrema derecha intenta capitalizar el malestar social en países como Francia. Además, el hecho de que el PP haya preferido matizar antes que marcar distancia muestra la tensión interna de la derecha española: necesita defender a sus figuras históricas sin quedar atrapada en discursos que puedan ser percibidos como hostiles o discriminatorios.
Para el Gobierno español, el asunto tiene una dimensión diplomática evidente, pero también política: cualquier deslinde entre un expresidente del PP y la posición oficial del país acaba proyectándose sobre la oposición. Para Francia, en cambio, la exigencia de rectificación no es solo una defensa de formas; es también una manera de marcar límites en un debate europeo cada vez más contaminado por los mensajes contra la inmigración. Y para el ciudadano común, el episodio deja una señal clara: en tiempos de polarización, una columna puede desatar una crisis más amplia que la propia noticia, sobre todo cuando mezcla nacionalismo, prejuicios y cálculo electoral en ambos lados de la frontera.



