Asesinato de Mayerly Olaya en Homecenter conmociona a San Mateo y deja preguntas abiertas

Imagen: infobae colombia
Una trabajadora de Homecenter murió tras ser atacada con arma blanca en medio de su jornada en San Mateo. La familia de Mayerly Olaya negó que hubiera sido pareja de su presunto agresor y pidió claridad sobre el crimen.
La muerte de Mayerly Olaya, una joven que fue atacada con arma blanca mientras atendía su turno en un Homecenter de San Mateo, ha sacudido a la comunidad y reabierto la discusión sobre la violencia de género y la seguridad de las mujeres en sus espacios de trabajo. Según informó infobae colombia, la víctima recibió múltiples heridas y fue trasladada de urgencia a un centro asistencial, pero el personal médico no logró salvarle la vida.
De acuerdo con la información conocida hasta ahora, el caso generó una ola de indignación no solo por la brutalidad del ataque, sino también por la necesidad de esclarecer quién era el agresor y cuál era su vínculo real con la víctima. La familia de Olaya salió a aclarar un punto clave: negó que la joven hubiera sido pareja del hombre señalado como responsable del homicidio. Esa precisión no es menor, porque en crímenes de esta naturaleza suelen circular versiones imprecisas que terminan desviando la atención de lo esencial: una mujer fue asesinada en su lugar de trabajo y el Estado debe responder con verdad, justicia y celeridad.
Este episodio deja ver una realidad que en Colombia se repite con demasiada frecuencia: los entornos laborales, que deberían ser espacios de protección y estabilidad, también pueden convertirse en escenarios de riesgo cuando fallan la prevención, la reacción institucional y el seguimiento a posibles señales de amenaza. Si el caso confirma lo que la familia sostiene, no estaríamos ante una discusión privada entre exparejas, sino frente a un homicidio que exige una investigación rigurosa sobre el acceso del agresor al lugar, la respuesta de seguridad y las fallas que permitieron que el ataque ocurriera en plena jornada. Para las mujeres trabajadoras, el mensaje es inquietante: salir a ganarse la vida sigue siendo, para muchas, una actividad atravesada por el miedo.
El nombre de Mayerly Olaya se suma ahora a una larga lista de víctimas cuya muerte obliga a mirar más allá del hecho policial. Lo que viene no debería limitarse a identificar al responsable, sino a establecer con precisión cómo se produjo el ataque, si hubo antecedentes de amenaza y qué medidas concretas adoptará la empresa y la autoridad local para evitar que algo así se repita. Porque cuando una mujer es asesinada en su puesto de trabajo, el problema ya no es solo de seguridad: también es un termómetro doloroso del país que sigue sin protegerlas a tiempo.



