Colombia

La moto ya pesa como gasto familiar en Colombia, advierte experto

Hace 19 horas

La motocicleta dejó de ser solo un medio de transporte y se convirtió en un gasto central para millones de hogares colombianos. José Stalin Rojas, de la Universidad Nacional, advierte que su auge refleja tanto necesidad económica como fallas estructurales de movilidad.

La motocicleta se ha consolidado en Colombia como una solución de movilidad, pero también como una carga cada vez más visible en el bolsillo de los hogares. José Stalin Rojas, director del Observatorio de Movilidad y Logística de la Universidad Nacional, explicó en entrevista con El Tiempo (Colombia) que este vehículo ya no puede leerse únicamente como un símbolo de transporte popular: su presencia masiva está redefiniendo los hábitos de consumo, el trabajo urbano y la forma en que se mueven millones de personas en el país.

Según el experto, el auge de la moto responde a una combinación de factores que se cruzan en la vida cotidiana: tiempos de desplazamiento más cortos frente al transporte público, acceso relativamente más fácil frente a un carro y la necesidad de resolver trayectos que, en muchas ciudades, siguen siendo ineficientes o costosos. Pero el fenómeno tiene otra cara menos visible: combustible, mantenimiento, repuestos, impuestos, seguros y gasto diario convierten a la motocicleta en una erogación permanente que, en la práctica, ya compite con rubros básicos de la canasta familiar.

Ese diagnóstico importa porque revela una paradoja colombiana. Mientras la moto aparece como una salida de emergencia para trabajadores, repartidores, estudiantes y familias que necesitan moverse, también evidencia el fracaso de ciudades que no han logrado ofrecer un sistema de transporte público suficientemente rápido, seguro y asequible. El crecimiento de estos vehículos no solo transforma el tráfico y la siniestralidad vial; también ordena la economía de los hogares, empuja nuevas formas de empleo y amplía la dependencia de millones de personas a un activo que se compra fácil, pero se sostiene con dificultad. En otras palabras, la moto ya no es solo una herramienta de movilidad: es un indicador social.

Para Colombia, el debate ya no debería limitarse a cuántas motocicletas circulan, sino a por qué se volvieron indispensables. Si el Estado no corrige las fallas de transporte masivo, seguridad vial y planeación urbana, la moto seguirá creciendo como opción inevitable. Y eso tiene implicaciones directas para la productividad, la accidentabilidad y el gasto de las familias, que terminan pagando con tiempo, dinero y riesgo lo que el sistema público no les resuelve.

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