Estados Unidos

Mladic muere, pero la herida de Srebrenica sigue abierta en Bosnia

Hace 3 horas
Mladic muere, pero la herida de Srebrenica sigue abierta en Bosnia

Imagen: El País

La muerte de Ratko Mladic reabre una herida que nunca cerró en Bosnia y vuelve a exhibir la fractura moral de los Balcanes. Mientras en Serbia algunos lo siguen viendo como un héroe, en Srebrenica su nombre sigue asociado al exterminio y al dolor colectivo.

La muerte de Ratko Mladic no borra su legado ni suaviza la discusión sobre lo que representó en los Balcanes: para una parte de Serbia seguirá siendo un símbolo de la guerra, pero en Bosnia su nombre permanece ligado a uno de los peores crímenes cometidos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. En Srebrenica, donde el general serbobosnio encabezó la ofensiva que terminó con el asesinato de miles de hombres y niños musulmanes, la reacción es de memoria herida más que de cierre. La idea de convertir su desaparición en una especie de absolución pública choca de frente con el testimonio de las víctimas y con el peso de los hechos judicialmente establecidos.

Según recordó el director del Centro Memorial de Srebrenica, la muerte del exgeneral no transforma a un criminal en figura histórica, ni cambia la naturaleza del exterminio que dirigió. Ese matiz importa porque en Serbia persiste una narrativa nacionalista que ha intentado separar a Mladic de la matanza de Srebrenica, o incluso presentarlo como un militar que defendió a su pueblo en tiempos de caos. Pero el recuerdo en Bosnia, especialmente entre las familias de las víctimas, no está hecho de matices políticos sino de ausencias: los hombres que nunca regresaron, las fosas comunes, la vida reconstruida alrededor de una pérdida masiva y documentada por tribunales internacionales.

El caso de Mladic sigue siendo central para entender por qué los Balcanes arrastran una memoria tan fracturada tres décadas después de la guerra. Su figura encarna la disputa entre la justicia internacional y los relatos nacionales que buscan reescribir el pasado para proteger identidades políticas. En términos prácticos, esto importa porque el modo en que Serbia y Bosnia recuerdan o niegan Srebrenica influye en la convivencia presente, en la educación de nuevas generaciones y en la estabilidad regional. Cuando un responsable de crímenes de guerra es tratado como héroe en un lado y como verdugo en el otro, la reconciliación deja de ser un discurso diplomático y se convierte en una tarea pendiente, incómoda y todavía profundamente política.

Por eso la muerte de Mladic no cierra una etapa: la exhibe. Deja al descubierto que la batalla por la memoria sigue viva y que, en los Balcanes, la justicia no solo se juega en los tribunales sino también en los monumentos, los libros de texto y la manera en que una sociedad decide nombrar a sus muertos y a sus responsables.

Noticias relacionadas