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La ONU documenta ejecuciones y torturas de Hamas en Gaza en medio de un doble cerco

Hace 11 horas

La ONU puso en blanco y negro lo que durante meses circuló como denuncia fragmentada: Hamas habría cometido ejecuciones públicas y torturas en Gaza. El informe habla de 249 casos graves, 108 muertos y una población civil atrapada entre la guerra externa y la represión interna.

La Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Palestina, dependiente del sistema de Naciones Unidas, documentó un patrón de extrema violencia cometido por Hamas en Gaza que incluye ejecuciones públicas, torturas y otras agresiones graves contra civiles. Según informó infobae mundo, el organismo registró 249 casos entre 2024 y 2026, con al menos 108 personas muertas, y concluyó que esos hechos encajan en la figura de crímenes de guerra. El señalamiento no es menor: llega en medio de una devastación humanitaria ya marcada por los bombardeos, el desplazamiento masivo y el colapso de servicios básicos, y añade una capa de terror interno sobre una población que lleva años viviendo sin garantías reales de protección.

El informe no se limita a enumerar víctimas. Describe un esquema de violencia sistemática que, de acuerdo con la comisión, buscó castigar, intimidar y controlar a la sociedad gazatí en un contexto de guerra. Las ejecuciones públicas tienen un efecto que va más allá del hecho puntual: buscan enviar un mensaje político y social, fijar obediencia a través del miedo y reducir el margen de disidencia dentro del enclave. Las torturas y demás abusos documentados refuerzan esa lógica de control. En términos prácticos, el documento coloca a Hamas bajo una lupa jurídica y moral que complica cualquier intento de presentarlo únicamente como actor de resistencia frente a Israel, porque evidencia que también habría ejercido violencia extrema contra la propia población que dice representar.

El hallazgo importa por una razón central: Gaza no vive un solo cerco, sino dos. Por un lado, la ofensiva militar israelí ha dejado un saldo humanitario devastador; por el otro, la represión de actores armados dentro del territorio, según la ONU, profundiza el sometimiento de los civiles. Esa combinación ayuda a explicar por qué la población gazatí aparece como la principal víctima de una ecuación política que la supera. Para la diplomacia internacional, el informe agrega presión sobre quienes sostienen que solo debe analizarse la responsabilidad de un lado del conflicto. La comisión está diciendo, en esencia, que la protección de los civiles exige mirar también los abusos internos, no solo las operaciones militares externas.

En términos de justicia internacional, el documento abre otra discusión de fondo: qué mecanismos reales existen para investigar, atribuir responsabilidades y sancionar crímenes cuando el territorio está en guerra y el sistema judicial local está desbordado o directamente neutralizado por el conflicto. El problema no es solo jurídico; es político. Si estas denuncias se confirman y se sostienen con más evidencia, la narrativa sobre Gaza se vuelve aún más incómoda para todos los actores involucrados. Y para la gente común, la conclusión es brutalmente simple: en la Franja, sobrevivir no depende únicamente de escapar de las bombas, sino también de no quedar a merced de quienes usan el miedo como forma de gobierno.

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