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Colombia vuelve al Pascual Guerrero, pero la boletería amenaza con robarse el partido

Hace 7 horas

La Selección Colombia volverá a jugar en el Pascual Guerrero de Cali después de 32 años, pero el anuncio llega acompañado de una discusión conocida: la distribución de palcos, cortesías y boletería. El amistoso ante Chile revive la ilusión futbolera y, al mismo tiempo, viejas tensiones alrededor del acceso al estadio.

La Selección Colombia volverá a pisar el estadio Pascual Guerrero de Cali después de 32 años, en un amistoso frente a Chile que ya genera expectativa deportiva, pero también ruido administrativo. El regreso del combinado nacional a la capital del Valle no solo reactiva el entusiasmo de la afición, sino que vuelve a poner bajo la lupa un problema recurrente en el fútbol colombiano: quién entra, quién paga y quién se beneficia de la boletería. Según informó www.colombia.com/deportes, el anuncio del partido ha ido acompañado de inquietudes por la asignación de palcos y cortesías, un tema que en el país suele terminar opacando la conversación sobre el espectáculo en la cancha.

Más allá de la fecha y del rival, la noticia tiene un peso simbólico para Cali. No es un detalle menor que la Tricolor regrese al Pascual después de más de tres décadas, porque eso habla del lugar que la ciudad intenta recuperar dentro del mapa grande del fútbol nacional. Un partido de esta magnitud moviliza taquilla, comercio, seguridad, logística y visibilidad internacional, pero también expone las tensiones que aparecen cuando la demanda supera la oferta y las decisiones sobre entradas preferenciales no terminan de convencer al público. En ese punto, la discusión sobre palcos y cortesías deja de ser un asunto secundario: toca el corazón de la transparencia y de la percepción ciudadana sobre la manera en que se administran los eventos de alto impacto.

El contexto ayuda a entender por qué este tipo de anuncios genera tanta sensibilidad. En Colombia, cada partido grande suele venir acompañado por quejas sobre precios, disponibilidad de boletos y distribución de invitaciones para autoridades, patrocinadores o intermediarios. Esa práctica, aunque habitual en escenarios de gran formato, produce malestar entre los hinchas que sienten que el acceso al espectáculo se vuelve cada vez más restringido. Por eso, el regreso de Colombia a Cali importa más allá de los 90 minutos: mide la capacidad de la organización para convertir una cita histórica en una experiencia ordenada, abierta y sin sombras. Si la boletería se maneja mal, el recuerdo del partido puede quedar contaminado por una discusión que no debería competir con el fútbol.

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