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La selección volvió al país y Ezeiza se convirtió en una fiesta por el subcampeonato

Hace 10 horas
La selección volvió al país y Ezeiza se convirtió en una fiesta por el subcampeonato

Imagen: infobae

La selección argentina regresó al país tras quedarse con el subcampeonato del Mundial y fue recibida con una multitud en Ezeiza. El plantel de Lionel Scaloni aterrizó pasadas las 18, en medio de un operativo de bienvenida protocolar.

La selección argentina volvió este martes al país después de su actuación en el Mundial y, aunque el resultado dejó una herida deportiva profunda, la reacción en Ezeiza volvió a mostrar algo que ya es casi una constante: el vínculo masivo y emocional entre la gente y el equipo de Lionel Scaloni. El plantel aterrizó pasadas las 18 en un vuelo de Aerolíneas Argentinas y fue recibido con un dispositivo protocolar en la pista, mientras afuera del aeropuerto una multitud se acercó para saludar a los jugadores y agradecerles la campaña.

Según informó infobae, el regreso se produjo sin dos de las figuras más visibles del grupo: Lionel Messi y Rodrigo De Paul no viajaron con la delegación. Ese detalle no es menor, porque la presencia del capitán y del mediocampista suele concentrar buena parte de la expectativa popular, pero también refleja la lógica de un retorno marcado por agendas individuales, descansos y compromisos posteriores al torneo. El operativo en Ezeiza buscó ordenar una escena que, por el fervor del público, fácilmente podía desbordarse: cánticos, banderas, teléfonos en alto y una espera que confirma que, en la Argentina, la selección se transformó en un fenómeno social que excede lo estrictamente deportivo.

La magnitud del recibimiento dice mucho sobre el lugar que ocupa este equipo en la vida pública del país. En otras circunstancias, un segundo puesto mundial podría leerse únicamente como frustración; en este caso, sin embargo, la respuesta popular también funciona como reconocimiento a un ciclo que devolvió identidad, competitividad y sentido de pertenencia. La selección de Scaloni no solo compitió: le devolvió al hincha una sensación de cercanía que había quedado dañada durante años de crisis futbolística y desconexión emocional. Por eso, incluso con la copa escapándose en el último tramo del torneo, el regreso no se vivió como un final frío sino como una recepción cargada de afecto, alivio y una mezcla inevitable de orgullo y tristeza.

En términos políticos y sociales, la escena en Ezeiza también ayuda a explicar por qué el fútbol sigue siendo una de las pocas experiencias colectivas capaces de ordenar estados de ánimo en la Argentina. La gente que esperó afuera no fue solo a ver pasar a los jugadores: fue a cerrar simbólicamente un recorrido que movilizó al país entero. Y aunque el Mundial terminó con un segundo lugar, el impacto de esta generación probablemente se mida menos por una medalla que por la forma en que volvió a reconectar a millones con la selección. Ese es, hoy, el dato de fondo: el equipo regresó a casa, pero la relación con los hinchas quedó más fuerte que antes.

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