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El Supremo anula el despido de Romina y refuerza la protección laboral

Hace 1 hora
El Supremo anula el despido de Romina y refuerza la protección laboral

Imagen: El País

El Tribunal Supremo anuló el despido de Romina y obligó a su empresa a readmitirla, pagarle los salarios atrasados e indemnizarla con 10.000 euros. La decisión sienta jurisprudencia y refuerza la protección laboral de las víctimas de violencia machista.

El Tribunal Supremo ha dado un golpe de alcance mucho mayor que el caso individual de Romina: ha declarado nulo su despido, ha ordenado su readmisión y ha impuesto a la empresa el pago de los salarios que dejó de percibir, además de una indemnización de 10.000 euros. La resolución no solo repara una vulneración concreta, sino que fija un criterio que puede blindar a otras víctimas de violencia machista frente a represalias laborales disfrazadas de medidas administrativas o disciplinarias.

Según informó El País, la trabajadora había sostenido su batalla judicial durante meses hasta lograr que el alto tribunal le diera la razón. El fallo obliga a la compañía a reincorporarla en su puesto y a compensarla económicamente por el daño causado, una decisión que llega después de que Romina resistiera el proceso con una determinación que ahora se convierte en precedente para otros casos similares. La clave de la sentencia está en que el Supremo reconoce que el despido no puede analizarse como un acto aislado cuando detrás existe una situación de violencia machista que condiciona la vida y la estabilidad laboral de la víctima.

Este pronunciamiento importa porque aterriza en un problema estructural: muchas mujeres no solo enfrentan la violencia en el ámbito doméstico o afectivo, sino también sus consecuencias en el trabajo, donde suelen quedar expuestas a despidos, cambios de turno, presiones o pérdida de ingresos. En España, la protección legal existe, pero su efectividad depende de que los tribunales la hagan valer sin ambigüedades. Con esta sentencia, el Supremo envía un mensaje claro a empresas y jueces: la vulnerabilidad de una víctima no puede convertirse en una oportunidad para echarla del empleo ni para agravar su situación económica.

La trascendencia del caso va más allá de Romina. Cada sentencia de este tipo marca el terreno sobre el que se decidirán futuras controversias laborales relacionadas con violencia de género, y también obliga a las compañías a revisar sus protocolos internos. En un país donde la autonomía económica sigue siendo una de las principales barreras para que muchas mujeres puedan salir de relaciones violentas, la lectura política y social del fallo es evidente: proteger el empleo también es proteger la vida.

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