Francisco respaldó al obispo de Barbastro en su pulso con el Opus Dei por Torreciudad

Imagen: El País
El Papa Francisco dejó por escrito su respaldo al obispo de Barbastro en la pelea por Torreciudad y su rechazo a las presiones del Opus Dei. Dos cartas inéditas revelan hasta qué punto el Vaticano siguió de cerca una disputa que mezcló poder, territorio e influencia religiosa.
El papa Francisco intervino de manera directa en la disputa por Torreciudad y dejó constancia, en dos cartas inéditas al obispo de Barbastro, de su rechazo a las presiones del Opus Dei. Las misivas, a las que accedió EL PAÍS, muestran a un pontífice decidido a respaldar a Ángel Pérez Pueyo en un conflicto que lleva años tensando la relación entre la diócesis y la Obra por el control del santuario aragonés.
Según la información publicada por el diario, las cartas fueron enviadas por el pontífice argentino a Pérez Pueyo en el contexto de la pugna por el futuro de Torreciudad, un enclave religioso de enorme valor simbólico y también estratégico para el Opus Dei. En esos textos, Francisco no solo transmite apoyo al obispo, sino que expresa su malestar por lo que interpreta como maniobras de presión y trata de blindarlo frente a lo que considera una red de influencias para forzar una salida favorable a la Obra. La revelación confirma que el Vaticano no fue un espectador distante, sino un actor implicado en una controversia eclesiástica que mezcla poder, patrimonio y obediencia.
El trasfondo importa porque Torreciudad no es un caso aislado: es una disputa que desnuda las tensiones internas de la Iglesia católica entre la autoridad diocesana y una de las organizaciones más influyentes del catolicismo contemporáneo. El Opus Dei ha hecho de ese santuario uno de sus espacios emblemáticos en España, mientras que la diócesis reclama mayor control sobre su gestión y sobre el encaje canónico del recinto. Que Francisco se posicionara con tanta claridad refuerza la lectura de que su pontificado mantuvo una distancia crítica con la Obra, una relación marcada por recelos, reformas pendientes y una voluntad de limitar centros de poder con autonomía excesiva dentro de la Iglesia. Para los fieles, la disputa puede parecer lejana, pero en realidad abre una ventana sobre cómo se decide el control de bienes religiosos, quién manda en los territorios eclesiales y qué margen tienen los obispos frente a estructuras con gran capacidad de influencia.
La publicación de estas cartas también tiene un valor político dentro de la Iglesia: deja constancia documental de una batalla que hasta ahora se movía entre rumores, gestiones reservadas y versiones contrapuestas. En un momento en que el legado de Francisco empieza a ser evaluado con más detalle, estas misivas ayudan a entender que el Papa argentino no solo impulsó reformas desde Roma, sino que intervino personalmente en conflictos concretos para sostener a quienes consideraba vulnerables frente a los centros de poder eclesiástico. En Torreciudad, esa batalla sigue siendo un síntoma de algo más grande: la pugna por quién define la autoridad en la Iglesia del siglo XXI.




