Las casas de apuestas mueven 72 millones de dólares para influir en el Congreso de EE.UU.

Imagen: infobae estados unidos
Las principales casas de apuestas deportivas de Estados Unidos ya no solo juegan en los mercados: ahora apuestan también por el Congreso. DraftKings y FanDuel impulsan una ofensiva política de al menos 72 millones de dólares para blindar un negocio cada vez más expuesto a la regulación.
Las casas de apuestas deportivas han decidido que la campaña electoral de Estados Unidos también es terreno de juego. DraftKings y FanDuel, dos de los gigantes del sector, están detrás de un despliegue político sin precedentes que ya compromete al menos 72 millones de dólares para influir en la composición del poder legislativo y proteger el futuro de una industria que ha crecido a una velocidad mayor que las reglas que la gobiernan.
Según informó infobae estados unidos, la estrategia se canaliza a través de un super PAC bipartidista, una herramienta diseñada para mover dinero en la arena electoral sin apoyo directo a candidatos, pero con suficiente músculo como para incidir en contiendas clave. El objetivo no es menor: ubicar aliados en el Congreso y en las legislaturas estatales que estén dispuestos a frenar intentos de endurecer controles, limitar publicidad, imponer mayores impuestos o restringir la expansión de las apuestas deportivas en línea, un negocio que hoy depende tanto del entusiasmo del público como de la tolerancia regulatoria.
La jugada tiene lógica empresarial, pero también revela la vulnerabilidad del sector. En apenas unos años, las apuestas deportivas pasaron de ser una actividad marginal, legal solo en unos pocos estados, a convertirse en una industria nacional con presencia masiva en televisión, redes sociales y aplicaciones móviles. Ese crecimiento abrió una fuente de ingresos millonaria para las plataformas, pero también encendió alarmas entre legisladores, reguladores y organizaciones de salud pública por el aumento de la ludopatía, la presión comercial sobre jóvenes y la facilidad con la que el juego digital puede penetrar en la vida cotidiana. En ese contexto, el dinero de campaña se vuelve una póliza de seguro: no para ganar un partido puntual, sino para evitar que el próximo Congreso les cambie las reglas del negocio.
Lo relevante de esta movida es que confirma una tendencia más amplia en Estados Unidos: las industrias con mayor poder económico ya no esperan a que el Estado decida, sino que financian desde temprano el tablero político en el que después deberán negociar su supervivencia. Para el ciudadano común, esto importa porque detrás de cada apuesta que aparece en un celular, de cada anuncio en un partido de fútbol americano o de cada bonificación agresiva para nuevos usuarios, hay una batalla de fondo por definir hasta dónde puede llegar una industria que factura con rapidez, pero también deja costos sociales difíciles de ignorar. Si el sector logra consolidar aliados en Washington y en los estados, la regulación del juego en línea podría quedar atrapada entre el interés público y una maquinaria de lobby cada vez más sofisticada.




