La falsa sumisión de las ‘tradwives’ y el negocio millonario detrás de su discurso

Imagen: BBC Mundo
Una nueva novela pone bajo la lupa a las “tradwives”, las influencers que venden una supuesta sumisión doméstica mientras construyen marcas millonarias. El fenómeno, ya convertido en tendencia cultural y negocio, llega ahora al cine con Anne Hathaway.
La escritora estadounidense Caro Claire Burke ha puesto en la mira a una de las figuras más visibles y controvertidas de la cultura digital conservadora: las llamadas “tradwives”, influencers que glorifican la vida doméstica y la obediencia al marido mientras levantan negocios multimillonarios en redes sociales. Su novela Yesteryear, que será adaptada al cine con Anne Hathaway en el papel principal, no solo retrata ese universo, sino que lo desarma con una crítica frontal a la maquinaria ideológica y comercial que lo sostiene, según informó BBC Mundo.
El atractivo del fenómeno está en su aparente contradicción. Estas creadoras de contenido venden una imagen de retorno al orden tradicional: esposas dedicadas al hogar, a la crianza y a la disciplina familiar, en oposición a los avances del feminismo y la autonomía económica femenina. Pero, como expone Burke en su obra, detrás de esa estética de delantal, cocina impecable y obediencia doméstica hay una operación mucho más sofisticada: comunidades digitales, monetización de audiencias, patrocinios, venta de productos y una narrativa cuidadosamente empaquetada para el consumo de millones. La crítica de fondo no es solo moral; también es económica. La supuesta renuncia al poder convive con una fuerte capacidad de influencia y acumulación de capital.
El interés por esta tendencia no es casual. En Estados Unidos, donde la polarización cultural sigue marcando el debate público, las “tradwives” se han convertido en símbolo de una batalla más amplia sobre género, familia, religión y poder político. Su auge refleja, por un lado, el desencanto de sectores que ven en el feminismo contemporáneo una promesa incumplida; y por el otro, la habilidad del ecosistema digital para convertir incluso las posturas más reaccionarias en productos rentables. Que Hollywood haya decidido llevar esta historia al cine, con una estrella como Anne Hathaway, confirma que ya no se trata de una rareza de internet, sino de un fenómeno cultural con capacidad de moldear imaginarios. Y eso importa porque estas narrativas no quedan confinadas a las pantallas: influyen en jóvenes, normalizan roles de género regresivos y alimentan una conversación pública cada vez más disputada sobre qué significa ser mujer en la era de las redes.
Lo más revelador de este debate es que el negocio de la nostalgia conservadora funciona precisamente porque se presenta como autenticidad. Las “tradwives” no venden solo una estética: venden pertenencia, certidumbre y una aparente salida al ruido de la modernidad. Burke, al ponerlas en el centro de su novela, apunta a esa tensión entre performance y poder, entre sumisión representada y dominio real del mercado. En tiempos en que la vida pública se mide por clics, su éxito no sería posible si no existiera una audiencia dispuesta a consumir esa fantasía como si fuera una verdad alternativa.



