Colombia

Mujeres dominan el emprendimiento urbano, pero siguen ganando menos y con más trabas

Hace 2 horas

Las mujeres ya dominan el emprendimiento urbano en Cali y en Colombia, pero lo hacen con menos ingresos y en condiciones más precarias que los hombres. Un análisis de la Fundación WWB Colombia confirma que la mayoría lidera micronegocios, aunque sigue cargando la desigualdad estructural.

Las mujeres se han convertido en el motor del emprendimiento urbano en Cali y en buena parte de Colombia, pero ese liderazgo sigue teniendo un precio: ganan menos, operan en condiciones más frágiles y cargan con una desventaja estructural que no desaparece por el solo hecho de ser mayoría. Ese es el hallazgo central del análisis de la Unidad de Analítica de la Fundación WWB Colombia, construido a partir de la Encuesta de Micronegocios y la Gran Encuesta Integrada de Hogares, y que vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: el país celebra el empuje femenino, pero todavía no corrige las reglas que lo castigan.

De acuerdo con ese estudio, las mujeres ya lideran una parte decisiva de los negocios urbanos, tanto en Cali como a nivel nacional, pero siguen concentradas en actividades de menor facturación y menor margen de crecimiento. En otras palabras, no se trata solo de cuántas emprenden, sino de desde dónde emprenden y con qué capacidad real de acumular ingresos. El análisis muestra que la mayoría femenina en micronegocios no se traduce automáticamente en poder económico. Al contrario: muchas de estas iniciativas nacen en entornos marcados por la informalidad, la falta de capital, la limitación de tiempo y una carga doméstica que reduce la posibilidad de expandir el negocio o profesionalizarlo.

Ahí está el punto que importa. El avance de las mujeres en el mundo emprendedor no puede leerse como una victoria completa si persisten brechas de ingreso, acceso al crédito y estabilidad empresarial. Cali, como otras ciudades colombianas, refleja con crudeza esa paradoja: hay más mujeres sosteniendo la economía cotidiana desde pequeños negocios, pero esa presencia no se ha traducido en igualdad de condiciones. El dato obliga a mirar más allá del discurso optimista sobre el emprendimiento femenino y a preguntarse quién asume el riesgo, quién recibe menos retorno y por qué, pese a ocupar cada vez más espacio, ellas siguen empezando desde una línea más atrás. Si el debate público no incorpora esta desigualdad, el crecimiento del emprendimiento femenino corre el riesgo de convertirse en otra forma de precariedad maquillada de progreso.

En términos prácticos, esto impacta la vida diaria de miles de hogares. Cuando un micronegocio liderado por una mujer tiene menos ingresos y menos capacidad de acumular, también hay menos margen para invertir en educación, salud, vivienda o ahorro familiar. Por eso el análisis de la Fundación WWB Colombia no solo describe una tendencia estadística: también expone una frontera social. Colombia ha avanzado en visibilizar a las mujeres emprendedoras, pero sigue pendiente la parte más difícil del asunto: convertir ese esfuerzo en un negocio verdaderamente sostenible, rentable y libre de las cargas que históricamente han frenado su crecimiento.

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