El desarme de Hamas se convierte en el principal obstáculo para una paz duradera en Gaza

Imagen: infobae mundo
Las conversaciones en El Cairo para cerrar un acuerdo de paz duradero en Gaza chocaron con el mismo muro de siempre: las armas de Hamas. Aunque hay un principio de entendimiento entre facciones palestinas, el desarme sigue frenando cualquier salida política real.
Las negociaciones en El Cairo volvieron a quedar atrapadas en el punto más delicado del conflicto: qué hacer con el arsenal de Hamas. De acuerdo con infobae mundo, la discusión sobre las armas del grupo islamista bloquea cualquier avance hacia una paz permanente en la Franja de Gaza, incluso después de que varias facciones palestinas hayan alcanzado un acuerdo de principio sobre otros aspectos del proceso. En otras palabras, hay voluntad política en el papel, pero no todavía una ruta viable para cerrar el capítulo más sensible de la guerra.
El problema no es menor ni técnico. Hablar de desarme en Gaza implica tocar el núcleo del poder de Hamas, que durante años ha sostenido su influencia sobre la base de su brazo armado, su estructura de seguridad y su capacidad de resistencia frente a Israel. Para el grupo, entregar las armas equivale a renunciar a su principal herramienta de presión y, en términos prácticos, a parte de su razón de ser como actor político-militar. Para sus interlocutores palestinos, en cambio, mantener ese arsenal en pie hace imposible imaginar un esquema de gobernabilidad estable, reconstrucción internacional y eventual normalización. Ahí está el bloqueo: nadie quiere ser visto como quien cede demasiado, pero sin concesiones profundas no hay salida de fondo.
El estancamiento en El Cairo también revela algo más amplio: la brecha entre un alto el fuego temporal y una paz permanente sigue siendo enorme. Una cosa es detener los combates y administrar una pausa humanitaria; otra muy distinta es definir quién controla Gaza, bajo qué reglas opera la seguridad y qué garantías existen de que el territorio no vuelva a convertirse en un frente militar. Esa discusión no sólo condiciona el futuro de los palestinos, sino también la posición de Israel, la presión de los mediadores regionales y el margen de maniobra de potencias que buscan evitar una nueva escalada. Sin un acuerdo sobre las armas, cualquier diseño político corre el riesgo de convertirse en un arreglo frágil, más útil para ganar tiempo que para resolver el conflicto.
Por eso lo que está ocurriendo en Egipto importa mucho más allá de la mesa de negociación. Si el desarme queda fuera de la ecuación, Gaza podría quedar atrapada en una transición incompleta: ni guerra abierta ni paz verdadera, sino una especie de limbo político con consecuencias directas para la población civil, que sigue pagando el costo de la destrucción, el desplazamiento y la incertidumbre. Y si el desarme entra finalmente a la negociación, el costo político será altísimo para todos los actores. Ese es el dilema real: la paz en Gaza no fracasa por falta de discursos, sino por la imposibilidad de resolver quién está dispuesto a soltar el arma primero.



