MOE alerta por campaña digital tóxica: amenazas, IA y dinero opaco rumbo a la segunda vuelta
Imagen: El Tiempo - Política
La Misión de Observación Electoral encendió una alarma sobre la campaña digital rumbo a la segunda vuelta presidencial: más violencia en redes, piezas hechas con inteligencia artificial y recursos que circulan sin trazabilidad clara. El aviso abre una pregunta de fondo: quién está pagando la disputa por la opinión pública.
La campaña digital de cara a la segunda vuelta presidencial entra en una zona cada vez más riesgosa. La Misión de Observación Electoral (MOE) advirtió sobre tres focos de preocupación que ya no pueden tratarse como ruido de redes: el aumento de las amenazas y agresiones en entornos virtuales, la circulación de contenidos fabricados con inteligencia artificial para influir en el debate público y el uso de dinero cuya procedencia no queda clara. En otras palabras, la pelea por votos ya no ocurre solo en plazas, tarimas o entrevistas; también se libra en una esfera digital donde la desinformación puede moverse más rápido que la verificación.
Según la alerta recogida por El Tiempo - Política, la MOE observa que la violencia política en redes está escalando en un momento particularmente sensible del calendario electoral. Eso significa que candidatos, equipos de campaña, periodistas, líderes de opinión y ciudadanos quedan expuestos a ataques coordinados, hostigamientos y campañas de intimidación que buscan marcar la conversación pública. A eso se suma la irrupción de piezas creadas con inteligencia artificial —videos, audios, imágenes o textos— que pueden parecer auténticos para cualquier usuario promedio y alterar percepciones sobre propuestas, trayectorias o incluso supuestos escándalos. El problema no es solo tecnológico: es democrático, porque una elección con información adulterada reduce la capacidad de la gente para decidir con elementos reales.
La tercera alerta, quizá la más delicada en términos de control institucional, apunta a la plata sin rastreo. Cuando una campaña digital recibe recursos sin trazabilidad suficiente, se abre la puerta a influencias opacas, pauta encubierta, redes de amplificación artificial y operaciones de propaganda que no quedan visibles para la ciudadanía ni para los organismos de control. Ese tipo de financiamiento erosiona la competencia electoral porque no todas las campañas juegan con las mismas reglas ni con la misma transparencia. En un país como Colombia, donde la discusión sobre financiación política suele chocar con vacíos de vigilancia y con tecnologías que avanzan más rápido que la regulación, el riesgo de que el dinero termine moldeando el debate digital sin dejar huella es demasiado alto para ignorarlo.
Lo que plantea la MOE no es una advertencia menor ni un llamado abstracto a la prudencia. Es una radiografía de cómo han cambiado las campañas: hoy el poder no solo se mide en afiches o presencia territorial, sino en la capacidad de imponer relatos, simular apoyos y contaminar conversaciones en línea. Por eso esta alerta importa más allá de los candidatos en competencia. Afecta al votante de a pie, que recibe información fragmentada y muchas veces falsa; afecta a los medios, que deben verificar más rápido y mejor; y afecta al sistema político, que corre el riesgo de llegar a la segunda vuelta con una discusión pública secuestrada por amenazas, manipulación digital y recursos difíciles de auditar. Si las autoridades electorales no fortalecen controles, transparencia y capacidad de respuesta, la próxima batalla no será solo por ganar la presidencia, sino por defender la legitimidad misma del resultado.


