Las ventas de vivienda usada en EE. UU. repuntan en mayo, pero el mercado sigue bajo presión

Imagen: infobae estados unidos
Las ventas de viviendas usadas en Estados Unidos repuntaron 3,2% en mayo y alcanzaron una tasa anual de 4,17 millones de unidades, según la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios. El dato ofrece un respiro al mercado, pero no borra los problemas de fondo: tasas altas y acceso todavía difícil.
El mercado de viviendas usadas en Estados Unidos mostró en mayo una señal de recuperación moderada: las ventas avanzaron 3,2% frente a abril y alcanzaron una tasa anual ajustada de 4,17 millones de unidades, de acuerdo con la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios. El dato importa porque confirma que, aun en un entorno difícil, sigue existiendo demanda para comprar casa en el país más grande de la región en términos de consumo inmobiliario. Para el sector, no es una revolución; para los compradores, sí es una muestra de que el mercado no está paralizado.
La lectura de la cifra debe hacerse con cautela. Un aumento mensual puede responder a varios factores: más inventario disponible en ciertas plazas, decisiones de compra que se destrabaron tras meses de espera o movimientos estacionales propios de la primavera, una de las épocas más activas para el negocio inmobiliario. Lo relevante es que la tasa anual divulgada por el gremio dejó ver una mejora frente a abril, lo que sugiere que el apetito por vivienda usada sigue presente incluso cuando las condiciones financieras no son favorables. En un país donde buena parte de las familias depende del crédito hipotecario, cada pequeño movimiento en ventas refleja la tensión entre deseo de compra y capacidad real de pago.
Esa tensión sigue siendo el eje del mercado. Las tasas hipotecarias, que se han mantenido elevadas en comparación con los años de dinero barato, siguen encareciendo el cierre de operaciones y reduciendo el universo de compradores potenciales. A eso se suma un problema que viene de arrastre: la escasez de oferta en múltiples zonas metropolitanas, especialmente en segmentos de precio medio, donde las familias de ingresos moderados compiten con inversionistas, compradores con mayor poder de pago y propietarios que no quieren desprenderse de su vivienda actual porque no encuentran una alternativa asequible. Por eso, aunque mayo dejó una mejora, el dato todavía está lejos de narrar un regreso pleno a un mercado normalizado.
Para los hogares estadounidenses, esta clase de cifras tiene una consecuencia concreta: la compra de vivienda sigue siendo una meta difícil, no un trámite accesible. Si la actividad mejora de manera sostenida, podría abrirse una ventana de mayor rotación de inventario y cierto alivio en algunos precios locales, pero no hay señales de una corrección amplia que resuelva el problema de fondo. En términos políticos y económicos, el indicador también sirve como termómetro de confianza: cuando las ventas repuntan, el sector construcción, los préstamos y el consumo asociado reciben algo de oxígeno. Pero mientras el crédito siga caro y la oferta siga apretada, cualquier recuperación en el mercado de vivienda probablemente será lenta, desigual y frágil.



