UEFA, Concacaf y AFC endurecen el pulso y complican la reelección de Infantino

Imagen: www.colombia.com/deportes
La pelea por el control de la FIFA entró en una fase más dura: UEFA, Concacaf y AFC movieron sus fichas y dejaron en entredicho la ruta de reelección de Gianni Infantino. El pulso ya no es solo deportivo; también es político.
La guerra por el poder en la FIFA escaló con una señal que no pasa inadvertida: UEFA, Concacaf y la AFC endurecieron su postura frente a Gianni Infantino y dejaron claro que su camino hacia la reelección no será un trámite. Según informó www.colombia.com/deportes, el bloque de confederaciones elevó la presión sobre el presidente del máximo organismo del fútbol, en un momento en que el tablero interno de la institución vuelve a exhibir sus fracturas más profundas.
Lo que está en juego no es únicamente la continuidad de un dirigente, sino el control político de una estructura que mueve miles de millones de dólares, define sedes, reparte influencia y condiciona decisiones que terminan afectando desde federaciones nacionales hasta ligas locales. Infantino ha construido buena parte de su poder sobre alianzas estratégicas fuera del eje tradicional europeo, pero la respuesta coordinada de estas confederaciones muestra que esa arquitectura empieza a encontrar límites. De acuerdo con la información publicada por www.colombia.com/deportes, el mensaje fue duro y apunta a frenar cualquier intento de blindar la reelección sin oposición visible.
Este choque importa porque la FIFA rara vez vive una disputa puramente administrativa: cada pulseada revela quién manda realmente en el fútbol global. UEFA representa el músculo histórico y financiero de Europa; Concacaf concentra una región clave por proyección comercial y por el peso de Estados Unidos de cara al Mundial; y la AFC agrupa mercados gigantes y en expansión. Que estos actores se alineen contra Infantino no solo complica su estrategia, sino que también expone un descontento acumulado con la forma en que se toman decisiones en Zúrich. Para los hinchas y para los países que dependen de la FIFA en materia de apoyo, desarrollo y organización de torneos, esta disputa puede traducirse en más tensión, menos consenso y una institucionalidad todavía más polarizada.
En el fondo, el pulso por la reelección de Infantino es una pelea por definir qué modelo de gobernanza dominará el fútbol en los próximos años: uno concentrado en la cúpula o uno obligado a negociar con más contrapesos. Si la ofensiva de UEFA, Concacaf y AFC gana fuerza, la campaña del presidente podría volverse mucho más costosa en términos políticos, aunque no necesariamente en votos. Y ahí está la clave: en la FIFA, como en toda monarquía moderna del deporte, no siempre vence quien tiene más cargos, sino quien logra sostener mejor sus alianzas cuando empieza la tormenta.



