Lidio García cierra su presidencia en el Congreso con crítica al centralismo
Imagen: El Tiempo - Política
Lidio García cerró su presidencia del Congreso con un mensaje político de fondo: defendió la independencia del Legislativo y cuestionó el centralismo que, según él, sigue ahogando a las regiones. Su balance dejó ver tensiones entre el gobierno, el Congreso y las demandas territoriales.
Lidio García aprovechó su rendición de cuentas como presidente del Congreso para enviar un mensaje que va más allá del protocolo institucional: la democracia colombiana, dijo en esencia, no puede sostenerse solo en gobiernos fuertes, sino en un Congreso con capacidad real de control e independencia. En un país acostumbrado a que el Ejecutivo marque el ritmo de la agenda pública, el balance del dirigente liberal terminó siendo también una advertencia sobre el equilibrio de poderes y sobre la distancia cada vez más evidente entre el centro político y las regiones.
Durante su intervención, García hizo un repaso del último año legislativo y defendió el papel del Congreso en medio de un escenario marcado por tensiones políticas, debates de alto voltaje y una relación no siempre fluida con el Gobierno nacional. Según informó El Tiempo - Política, el congresista puso el foco en la necesidad de fortalecer la institucionalidad legislativa y cuestionó el centralismo, un tema que vuelve a aparecer con fuerza cada vez que se habla de representación territorial, distribución de recursos y decisiones tomadas desde Bogotá sin suficiente conexión con lo que ocurre en los territorios. Su balance no se quedó en la ceremonia: buscó dejar una lectura política sobre cómo se gobierna el país y quiénes quedan por fuera de esa conversación.
El trasfondo de sus palabras es conocido, pero no por eso menos relevante. Colombia arrastra desde hace décadas una concentración del poder administrativo, económico y político en la capital, mientras departamentos y municipios siguen reclamando mayor autonomía y atención a sus problemas estructurales. Cuando un presidente del Congreso pone ese tema sobre la mesa, el mensaje no es menor: habla de una institucionalidad que, para ser legítima, no puede funcionar solo como acompañante del Ejecutivo ni como escenario de trámite. También recuerda que el desgaste de la política nacional no se resuelve con discursos sobre gobernabilidad si no hay contrapesos, deliberación y una representación territorial más seria. Para la gente de a pie, eso se traduce en algo concreto: mejores decisiones sobre salud, educación, infraestructura y seguridad dependen de qué tan escuchadas estén las regiones en el debate legislativo.
La rendición de cuentas de García deja así una lectura doble. Por un lado, el cierre de una presidencia congresional que buscó proyectar defensa institucional; por el otro, una crítica de fondo a la forma en que Colombia reparte el poder y administra sus prioridades. En un momento en que la confianza ciudadana en el Congreso sigue siendo frágil, ese tipo de mensajes solo tendrá valor si se traduce en una agenda real de autonomía, control político y menos distancia entre Bogotá y el resto del país.



