Lina Tejeiro y la alerta sobre relaciones que distorsionan la realidad
Lina Tejeiro volvió a poner sobre la mesa una palabra cada vez más común en las conversaciones sobre relaciones tóxicas: el gaslighting. La actriz contó que un exnovio tuvo comportamientos que la llevaron a desconfiar de su propia percepción y a pedir revisar las cámaras de seguridad.
Lina Tejeiro reavivó el debate sobre las relaciones manipuladoras al contar que, en una relación pasada, llegó a sentir que su expareja intentaba alterar su percepción de lo que estaba ocurriendo. Según informó https://www.colombia.com entretenimiento, la actriz relató un episodio que la llevó a tomar una decisión poco usual: pedir que revisaran las cámaras para comprobar si sus sospechas tenían fundamento. Su testimonio puso el foco en una práctica que muchas personas identifican tarde, cuando el desgaste emocional ya es evidente.
De acuerdo con la información difundida por el portal, Tejeiro describió un comportamiento extraño por parte de su exnovio que la hizo cuestionar lo que veía y sentía dentro de la relación. La actriz no solo habló de una incomodidad puntual, sino de una dinámica que, según su versión, encajaría con el llamado gaslighting: una forma de manipulación psicológica en la que una persona busca hacer dudar a otra de su memoria, su intuición o incluso de hechos concretos. Esa clase de control emocional suele camuflarse en discusiones aparentemente menores, pero termina erosionando la confianza de la víctima en sí misma.
El caso importa porque pone en contexto un fenómeno que atraviesa a muchas parejas en Colombia y en otros países de la región, especialmente en tiempos en que las redes sociales han vuelto más visible el lenguaje de la salud mental. Hablar de gaslighting ya no es solo parte de la jerga psicológica; también se ha convertido en una herramienta para nombrar situaciones de abuso que antes se normalizaban o se atribuían a “problemas de pareja”. Que una figura pública como Tejeiro lo exponga abre una conversación útil: no toda discusión es tóxica, pero sí hay relaciones donde la manipulación opera de manera silenciosa y deja secuelas profundas. En ese sentido, la decisión de revisar cámaras no suena a exageración, sino a la reacción de alguien que buscaba pruebas frente a una percepción que estaba siendo puesta en duda.
Más allá del episodio puntual, lo que deja esta revelación es una alerta sobre la importancia de reconocer señales tempranas de control emocional. Cuando una persona necesita comprobar constantemente si lo que vive es real, la relación ya está cruzando un límite peligroso. Y aunque el testimonio de Tejeiro no reemplaza una evaluación profesional ni convierte una experiencia personal en una conclusión universal, sí ayuda a visibilizar un problema que sigue pasando desapercibido en muchos hogares y relaciones: la manipulación no siempre grita, a veces susurra hasta que la víctima deja de confiar en su propia voz.



